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23.10.2019

La Feria Regional Artesanal

de El Bolsón cumple 40 años.

Los festejará entre el 31 de octubre y el 3 de noviembre con la realización del 2° Encuentro Nacional de Intercambio Artístico, que incluye talleres, exposición de fotografía, escultores, muralismo y músicos en vivo.

La Feria Regional Artesanal de El Bolsón está cumpliendo 40 años de vida y los festejará entre el 31 de octubre y el 3 de noviembre con la realización del II° Encuentro Nacional de Intercambio Artístico, que incluye talleres, exposición de fotografía, escultores, muralismo y músicos en vivo.

 

Desde la organización, Mario Longi valoró que “somos una de las principales ferias de Sudamérica, atractivo principal para el turismo que llega a al Corredor de los Andes y espacio de encuentro para los lugareños”.

 

Por su parte, Antú, el coordinador de las actividades dedicadas a las esculturas y al mural que se pintará especialmente para la ocasión (a cargo del grupo Auka), adelantó que los 120 artistas convocados “aportarán a su trabajo los cuatro elementos fundamentales de la naturaleza: tierra, aire, agua y fuego”, mientras que las obras monumentales incluirán “madera de la zona, soldaduras y otros materiales”.

 

A su turno, Ayelén Camarda detalló que “habrá bandas de toda la región y una muestra espectacular de tango” sobre un escenario que se montará especialmente en el anfiteatro de la plaza Pagano.

 

“Los turistas vuelven a buscar aquella mística de los hippies y el rock and roll que fundaron la feria en la década del ’70. Acá lo raro difiere mucho del resto del país, pero la mezcla de coloridos y la diversidad hace que en El Bolsón todo esto sea natural, aún con los cambios políticos y económicos que nos han atravesado en estos 40 años”, remarcó Longi.

 

“La gente viene a encontrarse con estas expresiones y a llevarse una porción de nuestra cultura. Arrancamos con dos puestitos a un costado del banco Nación, donde la gente de Mallín Ahogado venía al pueblo a vender el excedente de sus huertas y después se comenzaron a sumar los artistas, porque por aquellos años la zona estaba llena de pintores, escultores, que se encontraban con la dificultad de poder vender sus obras, por los tamaños y valores. Terminaron reduciendo el tamaño, que les dimos el nombre de artesanías”, recordó.

 

Acerca de la conformación étnica de la feria, catalogó que “somos una amalgama social impresionante, que no se encuentra en otra parte del país, aunque no vivimos en una anarquía. Es muy diversa y totalmente heterogénea, un pilar fundamental para el desarrollo de esta comunidad”.

 

En el año 1979 se institucionalizó la Feria Regional de El Bolsón mediante la ordenanza 214, que prácticamente fue creada por los propios feriantes. Inicialmente, un grupo de artesanos y productores del área rural se reunieron como “un hecho espontáneo y efímero”, según palabras de Agustín Porro, uno de sus fundadores. El objetivo era “exponer y vender el fruto del quehacer de los trabajadores y garantizar su autenticidad”, premisas que se mantienen hasta estos días.

 

Es uno de los mercados artesanales más famosos del mundo y cuenta con aproximadamente 400 puestos permanentes (llegando a los 600 en temporada estival). Exponen artesanos y productores de El Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo, Cholila, Epuyén, El Maitén y Ñorquinco. Funciona los martes, jueves, sábados y domingos, de 10 a 18.

 

Allí se ofrecen trabajos en madera, cuero, metal, lana, cerámica, vitreaux, flores secas; más los dulces, chocolates, verduras, chutney, alfajores, frutas finas, quesos, sahumerios, cervezas, vinos y licores. Durante el verano suele recibir más de 5 mil visitantes por día.

 

En casa

 

“La plata de la feria queda en El Bolsón, son cientos de familias que viven acá y lo que ganan lo gastan en los comercios locales. Sería muy difícil cuantificar los ingresos, más allá de que durante enero y febrero son volúmenes interesantes, pero durante el resto de año se convierte en una economía de subsistencia, apenas el manguito para pagar la luz y lo mínimo para mantener a la familia”, puntualiza “Pancho” Grunow, artesano en pipas de madera de radal.

 

Al amplio abanico de puestos se suman los libros de autores locales, instrumentos musicales, cuchillos forjados a mano y las velas artesanales de distintos tamaños, cosmética y perfumes exquisitos. De la mano de la naturaleza obtienen las materias primas que, combinadas, “nos ayudan a cuidar y tratar nuestro cuerpo de forma saludable”. La oferta incluye cremas, jabones, tinturas, aceites y desodorantes. Entre los preparados, las flores y esencias del bosque cercano tienen un lugar preponderante.

 

“Hoy somos todos trabajadores de las artesanías, productores de distintos estratos sociales. Gente nacida acá, otros venidos, una diversidad enorme. El hippie de El Bolsón pasó a ser un concepto antiguo, aunque siempre el turista puede descubrir alguno”, se ríe Grunow.

 

Fuente: diario Jornada.

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