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11.11.2019

Un médico de El Bolsón rescata inmigrantes del Mediterráneo.

Juan Pablo Sánchez es de El Bolsón, pero seis meses al año trabaja con Médicos Sin Fronteras en el barco Ocean Viking. "Es gente que lleva años intentando escapar de la violencia".

 

Cada seis meses, Juan Pablo Sánchez deja su hogar en El Bolsón, Río Negro, y viaja miles de kilómetros por una sola causa: ayudar a rescatar a los inmigrantes que se embarcan escapando de sus países y terminan a la deriva en el Mediterráneo.

 

La última vez, el médico argentino se subió al barco Ocean Viking de Médicos Sin Fronteras (MSF) y, junto a la tripulación, salvaron la vida a 104 libios que huían de la guerra civil.

 

Los subieron al barco, les dieron atención médica y estuvieron 12 días navegando hasta encontrar un puerto seguro para desembarcar en la Unión Europea. Luego de luchar para que sean recibidos en algún lado, MSF logró encontrarles acogida en Pozallo, Italia.

 

Uno de los mayores dramas que se vive en el Mediterráneo es que los barcos zarpan escapando de un determinado país, pero no saben cuál será su destino.

 

"Nosotros lo que buscamos son pequeñas embarcaciones que llamamos distress. Son precarias y no tienen condiciones para realizar una travesía larga. No reciben asistencia y rescate y, generalmente, terminan en un desenlace fatal. Es gente que emprende una larga travesía. Llevan años y meses intentando escapar de la situación de violencia", dijo Sánchez, quien también trabaja en el hospital de El Bolsón.

 

Si bien la imagen del salvataje es por demás traumática, las historias que esas personas traen consigo son aún peor.

 

"En el último grupo, un chico tenía 17 años y desde los 15 había sido capturado y vendido como esclavo. No tenía ningún derecho ni trato humano. Todas las personas que rescatamos tienen una historia terrible detrás que es lo que nos motiva a escapar de esta situación", comentó y agregó que, hasta el momento, se contabilizaron 700 muertos en esta situación.

 

Trabajo en equipo

 

Juan Pablo es especialista en terapia intensiva, pero, una vez arriba del barco, se transforma en un médico multifacético: toda la tripulación cura, médica y hasta, opera.

 

Además de la atención médica, el equipo también les brinda la posibilidad de bañarse, de cambiarse de ropa, de comer y de descansar en una cama.

 

La mayoría de los inmigrantes llegan con hipotermia, deshidratación, intoxicación con combustible o afecciones en la piel ya que muchos permanecen por varios meses capturados en una celda junto a otros presos. En ese cubículo: comen, duermen y van al baño.

 

"Las historias que se cuentan son fuertes. El momento de atender los heridos es intenso. Lo primero que hacemos una vez que los estabilizamos es darles un trato digno o humano. Muchos no han sido tratados así en años. Los miramos a los ojos, les preguntamos cómo están. Los empezamos a tratar como humanos", señaló.

 

En su última rotación, Juan Pablo conoció una historia que lo conmovió: un joven venía escapando con su hermana desde Bali. Cuando ingresó a Libia, su hermana fue violada y asesinada en frente de sus ojos.

 

"Estaba muy angustiado. No se desenvolvía en forma esperable. Escucharlos activamente los alivia un montón", completó.

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