Estudiantes de 5° grado de la Escuela 140 participaron de una jornada organizada por el SPLIF y desarrollaron producciones sobre el cuidado del bosque. A través de escritos, dibujos y un mural, expresan lo que sienten frente a los incendios y buscan generar conciencia en la comunidad.

Los estudiantes de 5° grado de la Escuela 140 trabajan en la prevención de incendios forestales a partir de una propuesta educativa que combina información, sensibilización y expresión de las emociones. La iniciativa surgió luego de participar de un encuentro organizado por el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF), donde conocieron herramientas y medidas para evitar el avance del fuego.
Anabela Lozada, maestra integradora, explicó que la actividad se realizó de manera conjunta entre docentes y alumnos. La jornada reunió a estudiantes de quinto grado en el polideportivo, con la participación de brigadistas del SPLIF de Río Negro y de organismos vinculados al cuidado del bosque.
Durante el encuentro, los chicos recorrieron distintas estaciones temáticas que abordaron la prevención de incendios, el desarrollo de los incendios de interfase y las precauciones necesarias para evitar que un fogón encendido provoque un foco forestal.
A partir de esa experiencia, el equipo docente comenzó a trabajar en la escuela para organizar la información recibida y transformarla en producciones propias. Según Lozada, el objetivo es que los conocimientos adquiridos tengan continuidad en el aula y puedan llegar también a las familias.
Cómo trabajan las emociones frente a los incendios forestales
La cercanía con los incendios que afectaron a la región forma parte del contexto en el que los estudiantes desarrollan sus actividades. Lozada señaló que, por vivir en una zona de interfase, los chicos comprenden que el fuego puede afectar directamente a sus familias y al lugar donde viven.
Por eso, una de las propuestas consistió en escribir sobre lo que sienten cuando se desata un incendio forestal. En esos textos aparecieron el miedo, la confusión y la bronca, junto con reflexiones sobre las acciones que pueden realizar para prevenir nuevos focos.

La docente compartió el testimonio de uno de los alumnos, que escribió: “Yo en ese momento no podía ayudar porque no tenía la manera, porque soy chiquito, pero sí en lo que puedo ayudar es no provocando un incendio”. El estudiante también planteó la importancia de hacer un uso responsable del fuego y transmitir a otras personas la necesidad de cuidar el bosque.
Los chicos buscan llevar el mensaje a la comunidad
Las producciones también reflejan el agradecimiento hacia los brigadistas que trabajan durante los incendios. Para Lozada, es importante que los alumnos puedan reconocer la tarea de quienes intervienen en las emergencias y desarrollar una mirada empática hacia los demás.
La propuesta continúa con la elaboración de escritos, dibujos, carteleras y un mural en la escuela. La intención es que los estudiantes puedan compartir sus producciones con la comunidad, una vez que terminen de preparar los textos y los adapten para su difusión.

“La idea es que ellos lo puedan pasar, porque están en manuscrita, digamos, a mano alzada, pasarlos a una computadora y después darlo a difusión”, explicó Lozada. También anticipó que podrían utilizar videos breves o reels para transmitir mensajes claros sobre la prevención de incendios forestales.
La maestra destacó que el trabajo busca dar lugar a las emociones de las infancias y generar conciencia sobre el cuidado del entorno. “Está bueno también preocuparse por las infancias para ver qué sienten y cómo también después lo ponen en palabras o lo ponen en acciones en la escuela”, sostuvo.
De esta manera, la experiencia articula la educación ambiental con el trabajo sobre las emociones y la responsabilidad colectiva. La propuesta apunta a que los estudiantes de entre 9 y 10 años puedan convertirse en multiplicadores de la prevención, compartiendo con sus familias y su comunidad lo aprendido sobre el cuidado del bosque


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