
El desarrollo nacional validó tecnología en condiciones extremas y logró comunicaciones a más de 70 mil kilómetros, en un contexto de ajuste al sistema científico.
El microsatélite Atenea concluyó su misión tras alcanzar los 70 mil kilómetros de distancia en el marco de la misión Artemis II de la NASA. El desarrollo argentino logró transmitir datos a estaciones de la CONAE en Tierra del Fuego y Córdoba, en una experiencia que marcó un hito para la industria espacial nacional.
El proyecto permitió validar el uso de tecnología desarrollada en Argentina en condiciones extremas, lo que abre nuevas posibilidades para futuras investigaciones. Además, se consolidó como un avance del sistema científico en un escenario de recortes en ciencia y tecnología.
Atenea se desarrolló a partir de la colaboración entre la Facultad de Ingeniería de la UBA, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Instituto Argentino de Radioastronomía y la empresa VENG S.A, en un esquema de articulación poco frecuente entre instituciones.
Un microsatélite argentino que llegó más lejos de lo habitual
El microsatélite Atenea, de tipo CubeSat, tiene dimensiones reducidas. “Es como una caja de zapatos de 30 x 20 x 20”, explicó el decano de Ingeniería de la UBA, Alejandro Martínez, a Página/12.
Este tipo de dispositivos suele operar en órbitas bajas, pero en este caso alcanzó una altitud poco frecuente. “En general, los microsatélites vuelan en órbitas mucho más bajas”, señaló Martínez, al destacar la singularidad de la misión.
El satélite fue diseñado para realizar mediciones en zonas con escasa información. “Por ejemplo, con la radiación, que es un fenómeno que ocurre en el espacio exterior y en la Tierra es moderada. Conocer la radiación y sus intensidades es importante”, indicó.

Tecnología argentina en condiciones extremas
La misión incluyó la evaluación del comportamiento de componentes electrónicos en condiciones extremas, el estudio de señales de navegación como GPS, GLONASS y Galileo a grandes altitudes, y la validación de enlaces de comunicación de largo alcance.
También permitió probar sensores de baja luminosidad y analizar el rendimiento de materiales comerciales utilizados en la industria aeroespacial. “(Esto) permitió ver cómo resulta para tener en cuenta para otras misiones”, sostuvo Martínez.
Uno de los puntos centrales fue la capacidad de comunicación. “Poder tener una comunicación a esas alturas es un desafío. Existen dispositivos, pero una cosa es enviar una señal y otra, transmitir datos”, afirmó.
Resultados, contexto y el impacto para Argentina
Argentina fue uno de los cuatro países seleccionados por la NASA entre 60 participantes. Dos de los microsatélites elegidos no lograron establecer conexión. “Se hizo en tiempo récord. Argentina no tenía un proyecto, la NASA invitó y fuimos finalistas. De los cuatro microsatélites seleccionados hubo dos que fallaron, no se los pudo conectar”, explicó Martínez.
Desde el punto de vista tecnológico, la misión permitió comprobar capacidades locales. “El resultado más importante es que pudimos hacer algo conjunto entre muchas instituciones. Habitualmente cada uno va por su lado y acá tuvimos que juntarnos todos en una mesa. Este tiene que ser el inicio para hacer otras cosas”, sostuvo.
El contexto global también fue señalado por el decano. “Estamos nuevamente en una carrera entre Estados Unidos, China y otros países”, indicó, y agregó: “Como argentino, fue una sensación de estar en primer nivel. No tenemos más capacidad por culpa de políticos que tiran por la borda la capacidad”.
El ajuste al sistema científico y sus consecuencias
La misión se desarrolló en paralelo a un escenario de recorte presupuestario. “Lo hicimos en un contexto de restricción, de atraso salarial único. Habría que ajustar 50% los salarios. A los primeros que les pegan los recortes en la universidad es a los investigadores, que son los primeros que se pierden, se van”, advirtió Martínez.
Según datos del Ciicti, la ejecución del presupuesto en ciencia y tecnología cayó un 11,4% en el primer bimestre de 2026 y acumula una tendencia descendente desde años anteriores, con retrocesos proyectados superiores al 50%.
En ese marco, el decano remarcó la situación del sistema universitario. “Las universidades no teníamos una línea de crédito para esto”, señaló, y concluyó: “Es una situación muy triste”.

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