
El joven sufrió una lesión medular tras la caída de un árbol durante una práctica de formación en la nieve en El Bolsón.
Nicolás había viajado a la comarca andina como parte de una capacitación orientada al trabajo en montaña. Las condiciones climáticas habían obligado a modificar el plan original, que incluía una práctica en el glaciar Hielo Azul. La nevada intensa hizo que el grupo permaneciera cerca del refugio realizando ejercicios básicos de progresión encordada entre árboles. El 17 de marzo mientras se encontraban cerca del refugio sufrió un accidente.
“Mi compañero iba adelante y yo atrás, con la cuerda un poco tensa”, contó. Todo ocurrió en segundos. “Escucho el crack del árbol y veo algo que se me viene encima”, relató. El tronco cayó directamente sobre su torso y le aplastó parte del cuerpo. “No sentí dolor en ese momento, fue todo muy rápido”, explicó.
Antes del accidente, la vida de Nicolás estaba marcada por el deporte y la montaña. Oriundo de Lanús, comenzó a correr carreras de obstáculos a los 16 años y con el tiempo orientó sus entrenamientos hacia competencias de larga distancia y terrenos técnicos.
La montaña, las carreras y la formación como guía
Semanas antes del accidente había participado de una competencia en Bariloche de más de 42 kilómetros. Esa evolución deportiva lo llevó a iniciar la formación como guía de montaña. .
El día del accidente, los instructores modificaron la práctica prevista debido a la cantidad de nieve acumulada en el glaciar. “Era imposible ir al glaciar en esas condiciones. Y además era muy peligroso”, señaló Nicolás. El grupo permaneció entonces en una zona considerada segura cerca del refugio.
Tras la caída del árbol, sus compañeros activaron los protocolos de emergencia. “Los profesores dejaron de ser profesores y fueron guías”, le contaron después. Nicolás sufrió lesiones múltiples y un hemoneumotórax. “Ya tenía lesiones por todos lados”, recordó.

El rescate y una semana sin recuerdos
Mientras aguardaban el rescate, Nicolás mantuvo algunos momentos de lucidez. “Pedí que llamaran a mi hermana, no a mi mamá, porque es hipertensa”, contó. También intentó seguir sus signos vitales. “Quería saber cómo estaba mi pulso”, relató.
El traslado aéreo fue determinante. “Gracias a ese helicóptero hoy estoy vivo”, afirmó. Su último recuerdo antes de perder la conciencia es el momento en que lo subían a la camilla. “Sentí un poco de aire frío en la cara y que el helicóptero despegaba”, dijo.
Para él, pasaron apenas segundos. En realidad, despertó una semana después en el hospital de Bariloche, intubado y con las manos atadas. “Me desperté y quería hablar, pero no podía”, recordó. El equipo médico improvisó un abecedario para que pudiera comunicarse señalando letras.
La rehabilitación y la campaña para acceder al tratamiento
Los médicos diagnosticaron una lesión medular a la altura de la vértebra dorsal ocho. Nicolás permanece internado en un centro de rehabilitación en Buenos Aires, adonde fue trasladado en ambulancia debido al compromiso pulmonar que impedía un viaje en avión.
“Hoy estoy empezando de a poco”, explicó sobre el proceso de recuperación. Las tareas cotidianas se volvieron complejas. “Sacarme una remera puede llevarme un minuto”, ejemplificó. Actualmente trabaja en fortalecer el tren superior y recuperar estabilidad para ganar independencia.
“Desde dos dedos abajo del pecho no tengo sensibilidad”, detalló. A pesar del diagnóstico, mantiene expectativas sobre su evolución. “Confío en volver a caminar… Y si no, me adaptaré, pero voy a seguir”, concluyó.

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