Filosofía ambiental y arte: pensar el colapso desde el territorio

Luis Echeverry, coordinador de investigación del ISFDA 814 de Lago Puelo, propone un taller que vincula el arte, la filosofía y la crisis socioambiental. El enfoque local permite comprender las consecuencias globales del colapso ecológico.

“Estamos en un colapso ambiental”, afirma Luis Echeverry, Coordinador de Investigación del Instituto Superior de Formación Docente Artística 814 de Lago Puelo. El docente, a cargo del Taller de Filosofía Ambiental y Educación Artística, explica que “en los últimos 30 o 40 años ya se han superado seis de los nueve índices ambientales” utilizados por la ciencia para medir el estado del planeta. Estos indicadores muestran que algunos territorios ya se han vuelto “inviables para la vida, no solo humana, sino de los demás seres”.

Durante su visita a un medio local, Echeverry dejó en claro que la idea del “fin del mundo” no es necesariamente un escenario apocalíptico global, sino que se trata de “mundos que se están terminando: formas de vida, modos de habitar”. A esto se refiere la filosofía ambiental, que toma elementos de la filosofía contemporánea para reflexionar sobre una crisis civilizatoria en curso.

Desde esa perspectiva, el planeta Tierra entra en una nueva etapa geológica definida por la intervención humana: el antropoceno. “Esta es una de las primeras discusiones: si las causas de esta sexta extinción tienen que ver con la agencia humana o son procesos naturales como los que ya ocurrieron antes”, plantea Echeverry.

“Parece ser que estamos en un gran aceleramiento, y ese aceleramiento lo estamos produciendo nosotros”, sostiene. Los efectos de este proceso ya se hacen visibles en lo cotidiano, especialmente en territorios como el de la Comarca Andina.

Del colapso global a las señales locales

El taller que coordina se desarrolla en la Casa de la Cultura de Lago Puelo, y busca vincular estos conceptos con la experiencia local. “Son micro colapsos o metacrisis que podemos evidenciar en nuestro territorio mismo”, explica Echeverry. Uno de los ejemplos más cercanos son los incendios forestales repetidos en los veranos, que alteran ecosistemas y formas de vida.

“Mi mundo se acabó. Mi chacra, mi machín ahogado, colapsó por un incendio, y mi forma comunitaria de vida está amenazada”, relata como una de las experiencias que se comparten en el espacio. El objetivo del taller es preguntarse qué lugar ocupamos frente a esta situación y qué márgenes de maniobra existen.

Desde el arte y la filosofía, se propone una lectura crítica del presente, buscando generar conciencia y compromiso. Echeverry aclara que no se trata de encontrar soluciones inmediatas, sino de formular preguntas que abran posibilidades de acción.

Filosofía como herramienta de conciencia

“La filosofía es hacer preguntas, las mejores preguntas”, sostiene Echeverry. Desde esa lógica, el taller se organiza en torno a lecturas, debates y experiencias compartidas que permitan visualizar la crisis socioambiental como una realidad concreta, no lejana ni abstracta.

“El primer paso es visualizar, diagnosticar que acá hay una forma o formas de vida que están en crisis y están además haciéndole violencia a muchos otros seres”, indica. Esta reflexión también incluye la revisión de hábitos personales, como la dieta o el vínculo con los animales y las plantas, entendidos como parte de una red de relaciones más amplia.

El coordinador también señala que “en algunas ciudades del mundo ya muere un 30% de personas por causas asociadas a la contaminación ambiental”, con casos registrados principalmente en la India y algunas zonas de Latinoamérica. “La industrialización, los autos y el modelo de crecimiento económico están llevando a la destrucción”, agrega.

Talleres abiertos y cine debate

El taller se reinicia hoy a las 18 horas, en la Casa de la Cultura de Lago Puelo, con inscripción libre y gratuita. Echeverry invita a la comunidad a participar: “Voy a llevar material para compartir, y vamos a generar un pequeño programa con participación activa”.

Además, el docente coordina un espacio de cine debate en el Centro Cultural Keuken Aioniken, los martes a las 21. Allí se proyectan películas vinculadas a la crisis ambiental, seguidas por espacios de discusión de tres horas de duración.

Ambas propuestas buscan crear espacios de pensamiento colectivo frente a problemas que, aunque globales, afectan directamente al territorio. “El conflicto es presente, pero también es futuro. Y cada vez más inminente”, concluye Echeverry.

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