Incendio “Confluencia”: el fuego se apagó, pero las heridas siguen abiertas

El incendio “Confluencia”, uno de los más devastadores en la historia reciente de Río Negro, fue declarado extinguido. El SPLIF hace balance de los daños, el desgaste humano y la necesidad urgente de repensar la prevención y respuesta ante emergencias.

Aunque las llamas ya no avanzan, las secuelas del incendio “Confluencia” aún arden en la memoria de quienes lo combatieron. Declarado oficialmente extinguido tras más de dos meses, este siniestro marcó un antes y un después en la Comarca Andina, tanto por su magnitud como por su impacto ambiental, económico y emocional.

En diálogo con InfoChucao, Jorge Cuevas, subjefe del SPLIF El Bolsón, aseguró que este incendio fue el más grande registrado en Río Negro en términos de daño. “Pasó por todas las fases: desde descontrolado a extinguido. Hoy podemos afirmar que no hay más puntos calientes, pero lo que deja atrás es enorme”, expresó.

Los daños materiales son contundentes: vehículos fuera de servicio, mangueras quemadas, motobombas perdidas, herramientas inutilizables. Pero lo más profundo es el desgaste humano. “Terminamos agotados, algunos con secuelas psicológicas. Fue una situación extrema que generó frustración, desilusión y un alto nivel de estrés en todo el equipo”, reconoció Cuevas.

En medio del caos, también hubo aprendizajes y gestos que encendieron esperanza. La participación activa de la comunidad fue clave. “La sociedad respondió como pocas veces. Hubo vecinos que se sumaron voluntariamente, pilcheros que trajeron caballos para ayudar en zonas inaccesibles. Fue un trabajo colectivo que nos emocionó”, destacó.

Sin embargo, desde el SPLIF advierten que es tiempo de tomar decisiones estratégicas. “No alcanza con la reacción. Hay que planificar, invertir en prevención, mejorar los protocolos y construir redes de voluntariado organizadas”, enfatizó Cuevas. El incendio dejó en evidencia la necesidad urgente de reforzar los sistemas de alerta y coordinar de manera más efectiva entre municipios, Defensa Civil y organismos provinciales.

Además, el subtitular hizo hincapié en la importancia de la salud mental en equipos de emergencia. “Años atrás no se hablaba de esto, pero hoy sabemos que es fundamental. Estamos trabajando en la contención del personal porque las consecuencias emocionales son reales y no deben subestimarse.”

De cara al futuro, el desafío es grande. El cambio climático, la acumulación de material vegetal y la falta de planificación aumentan el riesgo. Cuevas lo resume con claridad: “El 30 de enero fue un día bisagra. Sabíamos que iba a ser peligroso, pero ni así fue suficiente para evitar lo que pasó. Por eso, tenemos que estar mejor preparados, porque puede volver a ocurrir”.

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