
Desde Río Negro, la organización Ni un pibe menos por la Droga advierte sobre el impacto de los recortes en los dispositivos comunitarios y el crecimiento de la demanda social.
La problemática de las adicciones en Río Negro y el rol de los espacios comunitarios volvió a ponerse en agenda a partir del trabajo que sostiene la organización Ni un pibe menos por la Droga. En ese marco, su coordinadora provincial, Belén Villegas, detalló cómo surgió el movimiento y cuáles son hoy los desafíos frente al contexto social. “Bueno, en la provincia nacemos, digamos, de la mano de la corriente clasista y combativa, que es un movimiento social de base que se encuentra en distintos barrios, que ha sostenido de manera histórica comedores, merenderos y ha impulsado diferentes actividades y en eso lo que surge como una preocupación del núcleo familiar y principalmente de las compañeras mujeres que tienen una inquietud particular en relación a las adicciones”, expresó Villegas.
En ese sentido, remarcó que la situación responde a múltiples factores estructurales. “Es una problemática que nos atraviesa como sociedad y que en particular hay una gran parte de pibes y pibas que frente a la situación social, económica y política y frente a las políticas que han impulsado los diferentes gobiernos han quedado en un estado de, digamos, como a la deriva, ¿no?”, señaló.
La coordinadora también vinculó esta realidad con la falta de acceso a derechos básicos. “En eso de la falta de posibilidades, la falta quizá de acceso a la salud, al trabajo, a la tierra, al techo y que nos dejan en un estado de vulnerabilidad”, agregó.
Dispositivos comunitarios y presencia territorial
A partir de estas problemáticas, la organización comenzó a generar espacios en los barrios. “Se empezaron a gestar espacios para poder charlar a partir de talleres, a partir de iniciativas que nos permitieran tener un enclave comunitario en el territorio y que a partir de, ya sea de la copa de leche, del plato de comida en el comedor o de talleres que hacen a la prevención pudimos tener iniciativas en distintos lugares”, explicó.
Actualmente, el trabajo se desarrolla en distintas localidades de la provincia. “En la provincia estamos en tres ciudades, en Fiske Menuco, conocida como General Roca, en Cipolletti y en Bariloche donde a través de un programa que depende de la SEDRONAR, que es el programa de CACS que se conquistó a partir de la lucha, pudimos arrancarle en ese momento al Estado herramientas para poder abordar la problemática”, indicó.
Sin embargo, Villegas advirtió sobre el impacto de los recortes. “En el último tiempo con el gobierno de Javier Milei se ha visto el ajuste, se ha visto los recortes e incluso el avance contra los derechos. De hecho hace muy poco se han cerrado una cantidad de CACS donde no están claras las razones”, afirmó.
Además, recordó el riesgo de nuevos cierres. “Hacia fines del año pasado había una denuncia del cierre ya efectivo de 38 casas (…) y había además un posible recorte que iba a llevar a que 30 más también pudieran cerrar sus puertas”, detalló.

El rol de las “casitas” en los barrios
La referente destacó la importancia de estos espacios en el territorio. “Para mucha gente es el lugar de referencia porque muchas veces al estar ese espacio en el barrio es cuando a uno le pasa algo el primer lugar que se puede ir es a la casita frente a cualquier inconveniente, dificultad”, sostuvo.
En cuanto al funcionamiento, explicó que se trata de equipos interdisciplinarios. “Trabajamos a partir de un equipo de trabajo que es interdisciplinario donde hay profesionales específicos de la salud mental, hay psicólogos y psicólogas, psicólogos sociales, acompañantes terapéuticos (…) y también contamos con operadores sociocomunitarios que son incluso del mismo barrio”, describió.
También remarcó el valor del trabajo comunitario. “A partir de ese conocimiento y ese trabajo muy finito es que tenemos un abordaje comunitario con el conjunto del equipo”, señaló.
En paralelo, se desarrollan talleres y actividades. “Todas las iniciativas que tenemos en el barrio ofician de espacio de escucha (…) ya sea el taller de barbería, de soldadura, de construcción en seco”, indicó.
Aumento de la demanda y sostenimiento colectivo
Villegas explicó que los espacios reciben múltiples problemáticas sociales. “Recibimos todas las problemáticas que atraviesan a nuestra sociedad (…) muchas veces las mujeres son las primeras en llegar al espacio, son las primeras en abrir su situación”, afirmó.
También describió las condiciones que enfrentan muchas personas. “La casita es ese lugar que aloja, que muchas veces es el único plato de comida al que pueden acceder, o la ducha, o la posibilidad de encontrar una muda de ropa”, expresó.
En ese contexto, advirtió sobre el crecimiento de la situación de calle. “Hay una cantidad de personas que en el último tiempo, en los últimos dos años y medio, están en situación de calle (…) es mucha gente que queda a la deriva y que asiste a los dispositivos”, señaló.
Respecto al financiamiento, indicó: “A calor de la lucha se ha incrementado pero se incrementó en un 20% pero el presupuesto que recibimos es ínfimo”.
Organización y continuidad frente al ajuste
Finalmente, Villegas remarcó la decisión de sostener los espacios. “La organización va más allá de todo esto que se pudo generar y que lo vamos a defender con uñas y dientes”, afirmó.
En ese sentido, planteó un escenario posible ante nuevos recortes. “¿Qué pasa si cierran el programa? Bueno, vamos a sostener como lo venimos haciendo hasta ahora, quizá nos costará más, pero este sentido de luchar por lo que tenemos y defenderlo está presente”, concluyó.
El trabajo de Ni un pibe menos por la Droga en Río Negro continúa en los barrios, con presencia en General Roca, Cipolletti y Bariloche, mientras proyectan ampliar el alcance en la provincia y sostener los dispositivos comunitarios frente al contexto actual.

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