
Romina Blanco, directora de Püllü Leguero, se presenta en el ciclo Latiendo Juntas el sábado 20 de septiembre a las 20 hs en el Club Torino de El Bolsón. La propuesta reúne danza, música y memoria ancestral en un encuentro con artistas de distintos territorios.
Püllü Leguero es un proyecto-escuela que articula elementos como los bombos legüeros, el malambo, el bombo fantasía, las boleadoras, el poncho y la danza. Su directora, Romina Blanco, contó acerca de la participación de elenco en el ciclo Latiendo Juntas, junto a Awka Rayen, Santas Leonas, Vero Flaquier y Sabor Ruda. La cita será el sábado 20 de septiembre a las 20 hs en el Club Torino (Don Bosco 236), en El Bolsón.
La propuesta forma parte de un recorrido que comenzó en 2023 y que ya pasó por Villa Pehuenia y Junín de los Andes, con próximas fechas en Bariloche. Según Blanco, el ciclo busca generar un espacio de encuentro entre artistas y territorios: “venimos desde el año pasado, el villa pehuenia, en junín de los andes y ahora en El Bolsón, más adelante en Bariloche, haciendo este ciclo Latiendo Juntas, que más allá de compartir con el público la música, la poesía, la palabra, incluye un momento de encontrarnos con las artístas previamente para conocer como nos encontramos en cada territorio”.
“Es algo que va más allá de cómo movernos, de cómo cantar, es saber qué estamos haciendo, cómo vivimos el arte, la música, la danza que nos encuentra”, agrega Blanco, en referencia al sentido profundo del ciclo.
El malambo como memoria corporal
Romina Blanco también reflexiona sobre el malambo y su transformación a lo largo del tiempo. “el malambo se ha ido transformado con el paso de los años, es algo que mis antepasados bailaban”, afirma. En sus palabras, el relato de su abuelo ocupa un lugar central en la transmisión de saberes: “mi abuelo me contaba, en la gloria, que al atardecer luego de trabajar como jornaleros todo el día, agarraban la guitarra y recitaban y después llegaba el momento de los pies que clavaban cuchillos y sapateaban adentro de esos cuadrados de cuchillos”.
La práctica del zapateo, según Blanco, tiene múltiples dimensiones: “el malambo ha cambiado pero tiene una memoria, en el zapateo, de diferentes búsquedas”. En ese marco, destaca su lugar como mujer dentro de una tradición familiar: “yo soy la cuarta, mujer, que le gusta zapatear, y mi abuelo me dice que nunca vió a una mujer zapatiar, siempre vió la bota fuerte”.
“Eso no es que no haya habido, pero que la cuarta de sus generaciones salió a zapatiar”, remarca Blanco, quien también señala que antes el malambo era “furioso, rápido”, y que cada forma de practicarlo tiene su valor, tanto en el patio como en el escenario.
Identidad mapuche y formación académica
Actualmente, Romina Blanco estudia en la Universidad Nacional de las Artes, donde profundiza en la danza y la música del zapateo. “no me olvido de lo que mi abuelo vivió que es lo que yo tengo adentro, el conocimiento verdadero, eso me nutre también”, sostiene. Reconoce que el ámbito académico tiene una estructura formal que a veces genera tensiones con su identidad: “en algún momento me generó contradicciones, ponerme en una posición rígida que también tiene que ver con mi identidad mapuche, me cuesta mucho”.
A pesar de esas tensiones, Blanco apuesta por habitar esos espacios: “sin embargo hoy dentro de las cátedras estamos, y estos espacios hay que habitarlos, apoyarlos, ir para adelante”. En ese sentido, destaca el vínculo entre la machi Betiana Colhuan y una cátedra que aborda la cultura mapuche.
El cuerpo como territorio de resistencia
En sus clases de zapateo, Blanco combina saberes ancestrales y académicos. “yo tomo una cosa u otra, soy una mujer mapuche zapateando y eso nunca me lo van a poder quitar, porque es lo que soy, lo que llevo en el cuerpo”, afirma. Reconoce el valor de sus profesores y también de sus abuelos: “valoro el trabajo de mis profesores y maestros y a su vez agradezco lo que me enseñaron mis abuelos. nada lo puede cambiar”.
Finalmente, subraya su decisión de no quedar encerrada en una sola estructura: “conozco la estructura, estoy ahí pero no me van a encerrar ahí”. Su participación en Latiendo Juntas se inscribe en esa búsqueda de expresión, memoria y encuentro colectivo.

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