
La psicóloga y policía retirada de Neuquén, Alejandra Ortiz, integrante de la Red de Mujeres Policías, analizó los casos de suicidios dentro de las fuerzas de seguridad y planteó la necesidad de discutir la situación de la salud mental, las condiciones laborales y el acceso a tratamientos.
La muerte de una joven integrante de la Policía de Río Negro, de 19 años y recientemente incorporada a la fuerza, volvió a poner en discusión la situación de la salud mental dentro de las fuerzas de seguridad. En ese contexto, la psicóloga y policía retirada de Neuquén, Alejandra Ortiz, integrante de la Red de Mujeres Policías, reflexionó sobre el aumento de los casos de suicidios en efectivos policiales y otras fuerzas del país.
“Cuando aparece un suicidio, es que la persona no quiere matar el cuerpo, sino es el dolor”, sostuvo Ortiz al referirse a los recientes casos conocidos en distintas provincias. Además, planteó: “Uno tiene que preguntarse qué está pasando dentro de estas instituciones tan herméticas, que hay una ola bastante amplia de un montón de jóvenes que sabemos que han salido en los medios, que se han quitado la vida”, indicó la integrante de la Red de Mujeres Policías.
Ortiz remarcó que las situaciones que atraviesan los jóvenes dentro de las fuerzas son dinámicas y vinculó el contexto actual con factores sociales y económicos. “No podemos dejar de mirar que el arma es un expresor que suma a la causa, la situación económica, lo contextual. A mí me parece que la pandemia dejó, nadie salió ileso”, expresó.
También señaló que el problema se replica en distintos puntos del país. “En Mendoza creo que hubieron como siete suicidios, en Buenos Aires también, en la Prefectura también varios”, afirmó, y cuestionó: “¿Qué está pasando a nivel macro con relación a la salud mental de estas personas que están armadas?”.
Jornadas extensas, bajos salarios y dificultades para acceder a tratamientos
Durante la entrevista, Ortiz sostuvo que uno de los principales problemas es la falta de espacios para expresar el malestar emocional dentro de las instituciones. “Cuando vos no podés poner en palabra, no tenés un lugar donde haya un protocolo, donde no haya un lugar para que se humanicen, para ser una persona que puede sentir cierto dolor o cierta sensibilidad, ese malestar, esa pulsión, ¿dónde la canalizás?”, planteó.
La psicóloga explicó que muchas veces los efectivos son derivados a tratamientos psicológicos o psiquiátricos, pero no logran sostenerlos por cuestiones económicas. “Las fuerzas los mandan a hacer un tratamiento, ellos acceden a la primera consulta y después tienen que sostener un tratamiento de salud mental por cuestiones económicas”, aseguró.
En ese sentido, agregó: “¿Cuál es el patrón? Que son pobres, y que tienen que trabajar, y que tienen que cumplir un montón de horas laborales”. Según describió, las jornadas de 12 horas, los salarios bajos y las exigencias laborales generan un desgaste permanente en los efectivos.
“Necesitamos pensar que son personas que eligieron un trabajo, y que ese trabajo tiene que ser bien remunerado, y que están también propensos a enfermarse como todos los humanos de este mundo”, sostuvo Ortiz. Además, remarcó: “Confunden la debilidad con la sensibilidad, y no hay mejor cosa en una provincia que tengamos policías sensibles frente a situaciones de inseguridad”.
El impacto en la vida familiar y las exigencias dentro de las fuerzas
La integrante de la Red de Mujeres Policías también describió las dificultades que enfrentan los efectivos para sostener una vida familiar. “Ellos tienen 12 horas de carga horaria. En esas horitas tienen que ser papá o mamá, ir a ver el cuaderno al niño, ver si pueden ir a un acto escolar, comprar la comida, pagar impuestos”, explicó.
Ortiz aseguró que las exigencias internas de las fuerzas impiden muchas veces expresar emociones o pedir ayuda. “Si vos no podés poner palabras, no podés decir ‘hoy estoy triste’, quedás como al margen de ser un ser humano”, señaló.
Además, sostuvo que el sistema disciplinario genera presión constante sobre los efectivos. “Vos para presentarte al servicio tenés que llevar el correaje, el arma en condiciones, la ropa, porque si vas de manera desprolija te sancionan”, indicó.
En relación a la situación económica, afirmó: “Es gente asalariada con salarios muy bajos, con una carga horaria muy elevada y con grandes exigencias, que son todavía reglamentos del año 76, y con un arma en la cintura”.
Mujeres policías, rigidez institucional y denuncias
Ortiz también fue consultada sobre el impacto de las estructuras rígidas dentro de las fuerzas en las mujeres policías. “Todo lo que es rígido termina quebrando al ser humano”, sostuvo.
Según explicó, muchas mujeres replican dinámicas violentas para sostenerse dentro de esos espacios. “Hay mujeres que para sostener esta mirada que hay dentro replican esos modelos”, afirmó.
La psicóloga señaló además que existe temor a denunciar situaciones de violencia o abuso. “Muchas se animan a denunciar. Ahora otra vez hubo un retroceso sobre esa denuncia”, expresó.
Finalmente, advirtió sobre las consecuencias de naturalizar el sufrimiento dentro de las fuerzas de seguridad. “Si vos no estás con el otro para descomprimir y solamente para cumplir órdenes, quedás como al margen de ser un ser humano. Y ese ser humano llega un momento que explota”, concluyó.

Sé el primero en comentar