
A 30 días del movimiento de suelo que afectó a los barrios Sismográfica y El Marquesado, más de 300 familias continúan evacuadas y sin definiciones oficiales sobre su futuro. Vecinos denuncian falta de información y ausencia de un plan concreto.
La madrugada del domingo 18 de enero de 2026 quedó marcada en la memoria de Comodoro Rivadavia. Cerca de las 00:15, un corte de energía dejó a oscuras a los barrios Sismográfica y El Marquesado y, minutos después, un nuevo desplazamiento del cerro Hermitte provocó daños estructurales en viviendas y calles.
El movimiento de suelo obligó a evacuar de manera urgente a decenas de familias. Varias casas sufrieron roturas severas, se levantó el asfalto y el área quedó restringida por riesgo geológico. En cuestión de minutos, vecinos abandonaron sus hogares sin certezas sobre cuándo podrían regresar.
A un mes del episodio, la situación permanece sin cambios sustanciales. Más de 300 familias siguen fuera de sus casas, alojadas en centros de evacuación o en viviendas de familiares, mientras se implementan pagos para alquileres sin información clara sobre su continuidad o alcance.
La incertidumbre se mantiene también sobre el acceso futuro a una vivienda propia. No hay confirmaciones oficiales sobre reubicaciones ni plazos definidos, según relatan los propios damnificados.
“Estamos en la misma situación que el primer día”
Valeria González, vecina del barrio Sismográfica, explicó el escenario actual en diálogo con ADNSUR. “Sí, lamentablemente ya va un mes y estamos en la misma situación que el primer día. Seguimos con una desidia de información específica y técnica al respecto de cómo sigue la situación de nuestro barrio”, afirmó la vecina a ADNSUR.
González señaló que la falta de comunicación oficial es constante. “Ninguno toma de primera mano al vecino afectado, sino que es un corredero de voz. Pero no hay nada oficial, no hay nada concreto, no hay nada en papeles, no hay nada”, sostuvo en declaraciones a ADNSUR.
Sobre la asistencia económica, indicó que los pagos para alquileres se realizan sin un esquema claro. “Se siguen haciendo los pagos en diferentes clasificaciones, pero todavía no sabemos cómo son, cómo son los turnos”, explicó la vecina a ADNSUR.
También advirtió que no existe documentación formal sobre las restricciones. “No tenemos legalizada ni siquiera la orden de desalojo formal. Tenemos restricciones diarias sobre nuestras propiedades, con horarios limitados, pero es todo irregular”, remarcó a ADNSUR.
Reuniones sin definiciones y un futuro incierto
La vecina confirmó que está prevista una reunión en el Concejo Deliberante y expresó expectativas moderadas. “Esperamos que el Ejecutivo por lo menos tenga un plan de primera acción, pero la verdad que estamos acá en la misma, esperando algo”, señaló a ADNSUR.
Sobre los anuncios informales que circulan, González fue clara. “Se dice que hay planes de viviendas, pero no hay terrenos disponibles y tampoco se dice a quiénes van a ir esas casas destinadas”, afirmó a ADNSUR.
En su caso personal, relató que solo pudo retirar lo indispensable. “He evacuado mis cosas de primera necesidad, pero estaba construyendo una habitación para mis hijos y hoy todo eso me va a servir porque no sé cuál va a ser mi destino”, expresó a ADNSUR.
La situación de muchos vecinos es similar, con pertenencias aún dentro de viviendas a las que solo pueden acceder de forma limitada.
Advertencias técnicas que ya existían
En 2002, un informe técnico del Servicio Geológico Minero Argentino ya advertía que no se recomendaba construir nuevas viviendas en el barrio Sismográfica. El estudio señalaba que la zona se asienta sobre materiales afectados por antiguos deslizamientos, con arcillas expansivas, infiltración de agua y cavidades subterráneas.
El documento proponía frenar la expansión urbana, restringir movimientos de suelo y establecer un sistema permanente de monitoreo. También indicaba que, de continuar el crecimiento, el municipio debía asumir un control constante del comportamiento del cerro.
Con el paso de los años, el desarrollo urbano avanzó sobre sectores identificados como críticos, incluyendo áreas de Marquesado y zonas aledañas. El movimiento de enero reactivó ese riesgo señalado hace más de dos décadas.
Hoy, con el cerro aún en actividad y la emergencia geológica declarada, el contraste entre aquellas advertencias y la realidad actual vuelve a quedar expuesto, mientras cientos de familias siguen esperando definiciones concretas.

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