Un mural, dos países: la obra de la ESRN 30 que conecta a El Bolsón con Ecuador

La comunidad educativa presentó una obra realizada junto a un artista ecuatoriano que integra identidad, participación estudiantil y vínculos culturales entre países.

La ESRN 30 de El Bolsón sumó a su patio escolar un mural-mosaico colectivo que ya genera movimiento entre estudiantes, docentes y familias. La obra fue creada junto al artista ecuatoriano Jorge Llerena Cruz, quien llegó a la Patagonia con el objetivo de compartir arte, identidad y cultura latinoamericana.

Llerena Cruz, escultor, muralista, pintor y gestor cultural, forma parte de la Casa de la Cultura de Ecuador. Su llegada a El Bolsón surgió tras un encuentro con la profesora Nadia Aguirrezabala durante un viaje a Ecuador, que luego se transformó en un proyecto con apoyo del Instituto de Fomento a las Artes, Innovación y Creación de Ecuador, mientras que la institución educativa local asumió la organización.

La propuesta se concretó con la participación de la comunidad educativa, que trabajó en conjunto en cada etapa de la obra. El resultado es una intervención que combina arte colectivo y contenido simbólico vinculado a la región.

Un mural que une paisajes y símbolos

En el mural aparecen dos montañas representativas: el Piltriquitrón, característico de El Bolsón, y el Chimborazo, de Ecuador. También se incluye la imagen de una pareja de niños que representa la dualidad, con referencias al día y la noche, y a lo masculino y femenino.

La obra forma parte de una iniciativa mayor llamada Wawki, palabra quichua que significa “hermanos”. El proyecto busca recuperar los vínculos culturales entre comunidades de Sudamérica. “Queremos visibilizar que compartimos territorio, tradiciones, costumbres e historia”, explicó Llerena Cruz.

El mural se plantea como un espacio que invita a la reflexión sobre la identidad regional y los lazos históricos entre países de América Latina.

Participación estudiantil en el proceso artístico

Uno de los ejes del proyecto fue la participación de estudiantes, quienes trabajaron en el diseño, bocetado y producción de piezas de cerámica alicatada. La técnica permitió que varios grupos se involucraran en simultáneo.

“Fue hermoso ver cómo se apropiaron del proyecto. Teníamos que trabajar por grupos y se quejaban porque querían más horas, más días, más clases. Incluso después del feriado grande, querían seguir haciendo piezas”, relató el artista.

Para muchos estudiantes, fue el primer acercamiento a un proceso artístico completo, desde la idea inicial hasta la instalación final de la obra.

El arte como herramienta de descubrimiento

Durante el desarrollo del mural, también surgieron instancias de intercambio sobre el rol del arte en la vida personal. “En la universidad me rodeé de poetas, escultores y pintores. Muchos de ellos solo necesitaron una oportunidad para encontrarse con lo que les apasionaba”, afirmó Llerena Cruz.

El proyecto permitió que los estudiantes se acerquen a nuevas experiencias y prácticas vinculadas al arte.

La docente Nadia Aguirrezabala destacó el intercambio cultural generado en el aula. “Los chicos le preguntaban de todo: cómo es su ciudad, sus costumbres, qué se come, cómo lo recibió Argentina. Esas pequeñas cosas son parte del aprendizaje”, señaló.

Intercambio cultural y continuidad del proyecto

Antes de regresar a Ecuador, el artista compartió su experiencia en el país. “Me voy preocupado, porque quisiera volver. Desde que llegué a Buenos Aires hasta mi estadía en la Patagonia, me sentí acompañado como hermano. Hice amigos, compartí mucho y la parrilla… esa no se olvida”, dijo.

La ESRN 30 suma así un espacio que combina arte, identidad y cultura, y que abre la posibilidad de nuevas propuestas vinculadas al trabajo colectivo y al intercambio entre comunidades.

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