
Natalia Dobranski recientemente se recibió como Técnica en Incendios Forestales y sueña con llevar prevención y conciencia a cada rincón de la comarca.
En un territorio marcado por los incendios forestales y el avance del cambio climático, una noticia trae esperanza. Natalia Dobranski, vecina de la Comarca Andina y referente de la Brigada Forestal de Mallín Ahogado, se recibió como Técnica en Incendios Forestales. En una entrevista con el programa radial “Qué Mañana”, que se emite por Radio de la Cordillera 105.5, compartió su recorrido y su compromiso con la prevención como herramienta fundamental para proteger la vida y el entorno natural.
La chispa que encendió su vocación se remonta al 2021, durante los incendios devastadores en la Cuesta del Ternero, cerca de El Bolsón. “Ahí me di cuenta de que algo teníamos que hacer. La gente no sabía qué hacer, cómo ayudar, cómo detener el fuego. Me dolía ver esa impotencia colectiva”, recordó Natalia. Fue entonces cuando tomó la decisión de involucrarse a fondo y comenzar un camino de formación y acción.
Con ese impulso nació la Brigada Forestal de Mallín Ahogado, formada por personas voluntarias que participaron en tareas de contención y asistencia durante los incendios. Desde ese momento —dice con orgullo— no pararon. “No dejamos de trabajar ni un solo día de cada temporada. Nos capacitamos constantemente y buscamos articular con instituciones y gobiernos”, explicó.
Natalia cursó la tecnicatura a través de la Universidad Nacional de Comechingones, en modalidad online y con prácticas presenciales en la provincia de San Luis. “Me emocionó saber que existía una carrera universitaria para profesionalizar el trabajo que muchos hacemos desde la experiencia y el compromiso. Aprendí muchísimo, no solo de los docentes, sino de mis compañeros, que en muchos casos son brigadistas con años de experiencia. Ellos también fueron grandes profesores”.



Uno de los aprendizajes más importantes, remarcó, es el cambio de enfoque: pasar de reaccionar al incendio a trabajar antes de que ocurra. “La verdadera tarea está en la prevención. Hay que trabajar con los vecinos, con las comunidades, entender que vivimos en entornos inflamables y que todos somos parte del problema y de la solución”, señaló.
También fue crítica con la falta de políticas públicas sostenidas en el tiempo: “Tuvimos décadas de abandono forestal y rural, y hoy vemos las consecuencias. Además, el crecimiento urbano en áreas de interfase —donde se mezclan viviendas con bosque— genera una situación de riesgo constante. Por eso, la planificación y la educación son urgentes”.
Ahora, con el título en mano, su objetivo está más claro que nunca: “Quiero llevar este conocimiento a las escuelas, a los parajes alejados, a los vecinos que quizás nunca fueron parte de una capacitación formal. No quiero que todo quede en los cascos urbanos ni que solo reaccionemos cuando ya hay humo. Hay que trabajar durante todo el año, con prevención, conciencia y responsabilidad compartida”.
Sobre el rol de las autoridades, fue clara: “Hay que exigir decisiones más acertadas y ágiles. Entender, por ejemplo, que cuando se prohíben las quemas no es por capricho, sino porque las condiciones climáticas y atmosféricas están dadas para que cualquier chispa sea el inicio de una catástrofe”.
El mensaje final fue de compromiso y esperanza: “Estoy lista para seguir trabajando con la comunidad, de manera cercana, cara a cara, sin uniformes que alejan. Necesitamos charlas, encuentros, confianza. Esa es la base de una prevención real y efectiva”.
Ya recibida como profesional en incendios forestales, Natalia se proyecta como una referente del nuevo paradigma en el manejo del fuego: uno que prioriza el conocimiento, la prevención y el trabajo comunitario. Su historia inspira a pensar en una comarca más preparada, resiliente y comprometida con la protección de sus bosques, sus casas y, sobre todo, su gente.

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