Preocupación por la muerte de ballenatos en Península Valdés: analizan si la cifra supera el récord de 2012

El Instituto de Conservación de Ballenas advirtió por un número inusualmente alto de crías de ballena franca austral muertas durante la temporada 2026. La causa de la mortandad todavía está bajo estudio.

La Provincia analiza si una bacteria común en el ambiente marino, capaz de provocar una afección sistémica en ballenatos, puede estar asociada con los casos registrados.
29 septiembre, 2026 Agencia Noticias REGIONALES

El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) advirtió sobre un número inusualmente alto de ballenatos de ballena franca austral muertos en las costas de Península Valdés durante la temporada 2026. Los registros preliminares indican que el episodio podría superar el antecedente de 2012, cuando se contabilizaron 113 crías sin vida.

La Secretaría de Ambiente y Control del Desarrollo Sustentable de Chubut realiza el seguimiento de los varamientos junto con especialistas y equipos científicos. La cifra definitiva de animales muertos y las causas de la mortandad todavía se encuentran bajo estudio.

De manera preliminar, la Provincia analiza si una bacteria común en el ambiente marino, capaz de provocar una afección sistémica en ballenatos, puede estar asociada con los casos registrados. Las autoridades señalaron que, hasta el momento, no identificaron evidencias que permitan atribuir las muertes a factores de origen humano.

Para establecer el alcance del episodio, los investigadores deberán consolidar el número de ballenatos muertos y relacionarlo con los nacimientos registrados durante la temporada. El ICB remarcó que el impacto sobre la población no puede determinarse únicamente a partir de los varamientos y requiere comparar ambos indicadores.

El antecedente de 2012 y los datos de la temporada 2026

La ballena franca austral llega cada año a las costas de Chubut entre junio y noviembre para reproducirse y criar a sus ballenatos. Península Valdés y las áreas cercanas a Puerto Madryn constituyen una de las principales zonas de reproducción de la especie en el Atlántico Sur.

El mayor registro de mortandad corresponde a 2012, cuando se contabilizaron 113 ballenatos muertos. Los datos preliminares de 2026 indican que el evento actual podría superar esa cifra, aunque todavía debe ser confirmado a partir del relevamiento de la temporada.

El primer censo de 2026, realizado en septiembre, contabilizó 1.375 ballenas francas australes en las costas de Chubut, entre ellas 409 crías, según datos del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (Cesimar-Conicet) citados por la agencia EFE.

En 2025, el relevamiento había registrado 2.110 ejemplares, de los cuales unos 800 eran crías. Los especialistas advirtieron que la diferencia entre ambos censos debe analizarse con cautela y que, por sí sola, no permite establecer una tendencia poblacional ni explicar la mortandad de esta temporada.

La ballena franca austral llega cada año a las costas de Chubut entre junio y noviembre para reproducirse y criar a sus ballenatos.

La hipótesis bacteriana está bajo investigación

La Secretaría de Ambiente considera como hipótesis de trabajo la presencia de una bacteria habitual del agua de mar que puede provocar una infección sistémica en las crías. La identificación del microorganismo y su eventual relación con los casos dependerán de los estudios que se realizan sobre los animales encontrados.

Una de las bacterias que interesa a los investigadores es Erysipelothrix rhusiopathiae, que puede encontrarse en distintos animales y ambientes marinos y causar enfermedades graves en cetáceos. Un estudio publicado en 2016 detectó ese microorganismo en lesiones de dos ballenatos examinados durante la temporada 2013 en Península Valdés.

Las lesiones estaban asociadas a ataques de gaviotas, considerados una posible vía de ingreso para distintos microorganismos. Sin embargo, aquella investigación no pudo precisar cómo se infectaron los animales ni establecer que la bacteria hubiera provocado su muerte.

El ICB señaló que todavía debe determinarse qué condiciones pueden favorecer las infecciones, cuál puede ser su gravedad y cómo interactúan con otros factores que afectan la supervivencia de los ballenatos. La evaluación también incluirá estudios en las aguas de los golfos Nuevo y San José.

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