La investigación se inició tras las alertas y la denuncia de vecinos. La Policía intervino en la vivienda y encontró a una mujer y a sus tres hijos, quienes habrían permanecido aislados durante aproximadamente cuatro años.

La investigación por el presunto cautiverio de una familia en Esquel sumó detalles sobre las condiciones en las que vivían una mujer y sus tres hijos. Miguel Edgardo Battista, un bioquímico de 71 años, fue detenido y acusado de mantenerlos encerrados en su vivienda durante aproximadamente cuatro años.
La intervención policial se produjo después de las alertas y la denuncia formal de vecinos, que durante un tiempo habían observado situaciones que les llamaban la atención. Según sus testimonios, el hombre era el único que salía con frecuencia, mientras que los chicos casi no aparecían y la mujer solía permanecer junto a una ventana.
“Tenían actitudes que te llamaban la atención”, contó una vecina al explicar por qué los residentes del pasaje comenzaron a hablar sobre lo que ocurría en la casa.

Qué observaron los vecinos en la vivienda
Uno de los detalles que llamó la atención fue un árbol de Navidad detrás de una ventana en octubre. Las cortinas permanecían cerradas y algunas aberturas estaban cubiertas con papeles y placas. En el frente había bolsas de basura, objetos acumulados y pasto crecido. En el fondo de la propiedad, según los relatos, también se observaba una gran cantidad de residuos y cajas.
Los vecinos contaron que casi nunca veían salir a la familia. Una mujer recordó que Battista se ocupaba de atender al repartidor del supermercado y a otros visitantes. “Venía el de Internet y salía él. Venía el súper, y salía él”, relató.
La misma vecina dijo que, al principio, los chicos se movían por el patio delantero, aunque no respondían cuando los saludaban. “Vos los saludabas a los nenes, pero ellos no te saludaban. Yo pensé que tenían algún tipo de retraso madurativo. Cuando los saludabas no te decían nada, se iban para adentro y después salía el hombre”, manifestó.
Con el paso del tiempo, los menores dejaron de aparecer en el patio. La mujer también recordó que la esposa de Battista solía estar junto a una ventana, con un turbante en la cabeza, mirando hacia el horizonte. “La mujer siempre estaba con un turbante en la cabeza y se ponía en la ventana a mirar a la nada, al horizonte. Vos la saludabas y no te hacía ni gestos”, describió.
La denuncia y la intervención policial
Los residentes también aseguraron que escuchaban gritos durante la noche, aunque no sabían qué sucedía dentro de la vivienda. Las sospechas se fueron acumulando a partir de la falta de salidas, la ausencia de los chicos en los espacios exteriores y las situaciones que comentaban entre vecinos.
“Siempre pensé que era una casa de fin de semana. Nunca había gente”, contó otra mujer, quien dijo que no podía creer lo que se investigaba cuando se conoció la intervención judicial.
Según los testimonios, el tema también se habló en el grupo de WhatsApp del barrio. Allí se planteó la posibilidad de realizar una denuncia porque los vecinos consideraban que la situación llevaba demasiado tiempo y que había comportamientos que no podían explicar.
La denuncia dio origen a la investigación que terminó con la intervención policial en la vivienda y la detención de Battista. Cuando los integrantes de la familia salieron de la casa, los vecinos pudieron verlos de cerca por primera vez. Una mujer recordó que uno de los jóvenes tenía el pelo largo y descuidado y que la esposa del acusado salió con un pañuelo en la cabeza.
El estado de la familia y la continuidad de la causa
Fuentes cercanas a la investigación señalaron que la esposa de Battista permanece internada y que los chicos también están afectados psicológicamente. “En cuanto a los chicos, también están muy afectados psicológicamente. Se espera que, en la medida de lo posible, se les haga cámara Gesell”, indicaron.
Los vecinos también observaron que había tres perros en la propiedad y que parecían estar cuidados. Uno de ellos describió la actitud de Battista al bajar de la vivienda: “Bajó como orgulloso, con la espalda erguida”.
La investigación continúa para establecer qué ocurría dentro de la casa y en qué circunstancias vivían la mujer y los tres chicos. La Justicia deberá determinar las responsabilidades correspondientes en el caso.

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