
El espacio de investigación surgido en 2021 trabaja con semillas nativas afectadas por el fuego y promueve acciones colectivas para la recuperación de suelos y biodiversidad en la región.
El Centro Biológico Biguá, coordinado por la bióloga Aldana Matellini junto a Nicolás Bondel, nació tras el incendio de interfase de Las Golondrinas en 2021, considerado el más destructivo de Norpatagonia en los últimos tiempos. El centro se dedica a producir nuevos conocimientos científicos mediante proyectos de investigación colectiva, participativa y abierta.
Matellini explicó que el grupo funciona de manera autónoma: “Somos un grupo autónomo e independiente, así que nada, vamos haciendo y abordando los proyectos a pequeña escala y siempre con problemáticas locales”. La iniciativa surgió a partir de su tesis, en la que trabajó con semillas de cuatro especies nativas afectadas por el fuego.
“Pusimos a germinar esas semillas y crecieron planturas de ejemplares que estaban quemados, calcinados en ese momento y sin embargo sus semillas eran viables”, relató la bióloga. En 2024, en el aniversario del incendio, decidieron mostrar esas plantas en una actividad llamada Las Hijas del Fuego, con el objetivo de transmitir esperanza sobre la capacidad de regeneración del bosque.
Recolección de semillas y recuperación de suelos
Actualmente, el centro impulsa la recolección de semillas herbáceas para contener los suelos afectados. “Lo principal que hay que hacer es tratar de que ese suelo que está tan poco, no se erosione del todo, evitarlo y tratar de ir mejorándolo para que después puedan llegar esas especies niñosas”, señaló Matellini.
Entre las especies mencionadas se encuentran el pimpinela (cadena pinatífica), el cardoncillo (erincium paniculatum), el geranio, la arvejilla y la amancay. El equipo prepara materiales audiovisuales para enseñar a la comunidad cómo recolectar y diferenciar estas semillas.
La propuesta busca que las personas adopten el hábito de recolectar semillas durante sus paseos. “No pensar en una gran reforestación, sino en un acto chiquitito que vaya modificando levemente, pero que se nos haga hábito”, explicó.
Matellini destacó que estas acciones pueden realizarse en espacios familiares y comunitarios. “Ya el hecho de ir a recolectar una semilla te vincula desde un lugar muy valioso”, afirmó.
Educación ambiental y capacitaciones
El centro también promueve la observación del entorno y la capacitación en escuelas y espacios formales. “Observar es como esencial, ¿qué había antes del incendio? ¿Qué quedó? ¿Para dónde corre el agua?”, detalló la bióloga, subrayando la importancia de comprender las particularidades de cada terreno.
En relación a la educación ambiental, Matellini sostuvo: “Para mí tendrían que estar en todos lados, en las escuelas, en los centros formales”. El equipo brinda charlas en instituciones educativas y destaca que siempre surgen actividades posteriores que fortalecen el vínculo comunitario con el ambiente.
“Más allá de que lo planifiquemos o no, después de las charlas surge alguna actividad y queda gente vinculada compartiendo y avanzando con esas cosas”, agregó.
Proyecto Especies y participación ciudadana
El Centro Biológico Biguá difunde sus actividades a través de su cuenta de Instagram y mediante el Proyecto Especies, que invita a la comunidad a subir fotos de flora y fauna con ubicación geográfica en un grupo de WhatsApp.
“De esa manera lo que hacemos es ir aumentando la distribución de la biodiversidad que hay en esta zona”, explicó Matellini. Las imágenes son luego clasificadas en la plataforma internacional iNaturalist, con la colaboración de especialistas.
El proyecto busca ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad regional y fortalecer la participación ciudadana en la investigación. “Surgen cosas muy lindas de este proyecto”, concluyó la bióloga.

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