
El 22 de mayo de 1960, una enorme ola provocada por el terremoto más potente registrado sacudió las costas de Bariloche. El fenómeno destruyó el muelle del Puerto San Carlos y causó víctimas fatales. Fue el primer tsunami lacustre documentado en la Argentina.
Este jueves 22 de mayo se cumplen 65 años del “lagomoto” de Bariloche, un fenómeno geológico poco común que transformó un día apacible en una tragedia inesperada. El suceso ocurrió en 1960, cuando un terremoto de magnitud 9,5 en Valdivia, Chile, considerado el más potente jamás registrado por instrumentos, generó una serie de consecuencias devastadoras a lo largo de la costa del Pacífico y también en el corazón de la Patagonia argentina.
A las 15:11 horas, el sismo atravesó la cordillera y alcanzó con fuerza la ciudad de Bariloche. Minutos después, se produjo un deslizamiento de sedimentos en el fondo del lago Nahuel Huapi, que desató una ola repentina de entre uno y dos metros de altura. El fenómeno, técnicamente conocido como tsunami lacustre, golpeó con violencia el sector costero y arrasó el histórico muelle del Puerto San Carlos, ubicado a escasa distancia del Centro Cívico.

El impacto fue tan fuerte que varias embarcaciones fueron destruidas o arrastradas por la corriente, y dos personas perdieron la vida en la tragedia. A pesar de su magnitud, en aquel momento muy pocos entendían qué había ocurrido. Con el tiempo, la ciencia logró reconstruir los hechos y definirlo como el primer tsunami en un lago continental documentado en el país.
Oscar “el Gato” Ferreyra, un vecino de Bariloche que en ese entonces tenía 8 años, compartió años después su vívido recuerdo de aquel día: “Mi abuela me había comprado un caballo y los animales estaban enfurecidos. Todo empezó a temblar. Lo primero que se oyó fue el Tronador rugiendo desde el cerro Catedral. Después, la ola lo tapó todo.”
El fenómeno, inédito para muchos en aquel tiempo, sorprendió a científicos y pobladores por igual. Desde entonces ha sido objeto de estudios por parte de geólogos, sismólogos y especialistas en riesgo natural, que lo consideran un caso ejemplar de cómo los efectos indirectos de un terremoto pueden manifestarse a cientos de kilómetros del epicentro, especialmente en regiones con lagos profundos como la Patagonia andina.
El “lagomoto” dejó una profunda huella en la memoria colectiva de Bariloche. Además de las pérdidas materiales y humanas, el evento transformó la percepción de los riesgos naturales en una región generalmente asociada con la calma y la belleza paisajística.
Años después, el suceso impulsó una mayor conciencia sobre la vulnerabilidad sísmica del área andino-patagónica y la necesidad de desarrollar mecanismos de prevención y respuesta ante catástrofes naturales.
Hoy, a 65 años de aquel episodio, la ciudad recuerda con respeto a las víctimas y reafirma la importancia de la educación, la preparación comunitaria y la investigación científica como herramientas clave para mitigar los riesgos geológicos. Porque, como quedó demostrado aquella tarde de mayo de 1960, la naturaleza puede rugir incluso en los lugares más serenos.

Sé el primero en comentar