
Juan Vargas, vecino histórico del barrio Usina en El Bolsón, comparte la historia familiar ligada al río Quemquemtreu y al cuidado del entorno natural. Desde 1946, su familia mantiene la zona limpia, reforesta con especies nativas y promueve la conciencia ambiental entre vecinos y descendientes.
En la parte más antigua del barrio Usina, pasando la pasarela de Vargas, la historia se entrelaza con el paisaje. Allí vive Juan Vargas, vecino de toda la vida que da nombre a una pasarela cercana, quien recuerda: “A mí me trajeron por acá en 1946. En ese entonces no había ni camino, solo una casita vieja y dos o tres galpones”. Con la memoria viva de su familia, una de las fundadoras de la zona, reconstruye cómo el trabajo colectivo fue dando forma al lugar.
“Nosotros lo hacemos con gusto, mientras haya nietos que les guste cortar pasto y podar”, cuenta Vargas. La tradición del cuidado se transmite de generación en generación, vinculando la historia del barrio con el compromiso ambiental.
Desde los primeros años, la familia incorporó árboles nativos y coníferas, transformando el entorno en un pequeño pulmón verde. “Me gustaban los árboles grandes y otros más chicos, como los cipreses. También me trajeron tuyas, y así fuimos plantando entre todos”, relata.
Compromiso diario con la limpieza del río
El río Quemquemtreu es parte esencial de la vida del barrio, y su limpieza cotidiana se convirtió en una práctica familiar. “Cada mañana le damos una vuelta con unas bolsas y juntamos los residuos. Después se los entregamos al recolector”, explica Vargas.
Sin embargo, el trabajo no se limita a recolectar basura: también incluye la educación ambiental. “En cualquier lugar de la montaña o del río hay que decirle a la gente que se lleve sus residuos. La basura no está en la forestación, la basura la tiene el humano”, reflexiona.
El cuidado del entorno natural también implica conocer los ciclos del bosque. Vargas enfatiza la importancia de respetar los tiempos de poda: “De fin de abril a septiembre es el tiempo para ordenar el bosque. No se puede podar en cualquier época del año”.
Un trabajo comunitario que atraviesa generaciones
La colaboración vecinal fue clave para mantener y abrir caminos, construir la pasarela y despejar el acceso al río. “Desde mucho antes del 90 estuvimos haciendo camino. Participamos todos, los hijos, los nietos, los vecinos”, recuerda Vargas.
Entre anécdotas, menciona a quienes acompañaron ese esfuerzo: “Hay que reconocer que el municipio colaboró, y también vecinos como Caliva Jerónimo, que ayudó con los caminos cuando el río cortó el paso”.
A lo largo de los años, la comunidad logró transformar una zona agreste en un espacio accesible, sin perder su carácter natural. Vargas destaca la idea de sumar apoyo municipal para mantener la limpieza: “Sería bueno tener empleados que se encarguen de esto, así los vecinos también lo disfrutan sin tanto trabajo”.
Cuidar el bosque es cuidar la vida
El entorno del barrio Usina combina historia, naturaleza y responsabilidad ambiental. Vargas subraya la importancia de no hacer fuego en áreas sensibles: “Arriba tenemos un bosque netamente protector. Yo no soy un delincuente, soy protector. El bosque viene a mí”, dice con convicción.
Para él, cuidar el bosque es una forma de devolver lo que la naturaleza brinda. “Si vos lo mimás, el bosque viene. Como las plantas, como las aves. Aquí hay paz, tranquilidad y buen aroma”, expresa.
La historia de Juan Vargas y su familia resume un mensaje simple pero profundo: el ambiente se preserva con trabajo, respeto y continuidad. En un rincón del río Quemquemtreu, la memoria y el compromiso siguen creciendo, como los árboles que plantaron hace casi ocho décadas.

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