
Un llamado urgente a la conciencia ambiental: las quemas y la leña generan un humo que afecta la salud cardiovascular y respiratoria.
Aunque vivimos rodeados de montañas, bosques y cielos limpios, el aire de la Comarca Andina no es tan sano como parece. Así lo advierte el médico cardiólogo César Berenstein, quien desde hace años investiga el impacto de la contaminación del aire, en el marco de su participación en el Grupo de Expertos en Polución del Aire y Cambio Climático de la Federación Mundial del Corazón.
“Creemos que vivimos en un paraíso natural, pero no somos ajenos a la contaminación. No tenemos fábricas ni embotellamientos, pero sí tenemos un problema serio: el humo de las quemas”, advierte.
Cuando el humo enferma: cómo afecta a nuestro corazón y pulmones
El Dr. Berenstein explica que el humo que se respira en otoño e invierno, especialmente por las quemas de restos vegetales o el uso de leña para calefacción, produce inflamación en las arterias y puede desencadenar enfermedades cardiovasculares graves como infartos o ACV.
“La contaminación del aire mata entre 7 y 8 millones de personas por año. Y más de la mitad de esas muertes son por causas cardiovasculares, no respiratorias”, detalló.
Además, alertó que muchos compuestos tóxicos presentes en el humo —como partículas finas, monóxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles— ya están científicamente vinculados a la hipertensión, la diabetes y la muerte súbita.
La Comarca vista desde arriba: atrapados en el humo
El problema se agrava por la propia geografía del lugar. La Comarca está rodeada de montañas, lo que genera un efecto de encajonamiento del humo, especialmente en días sin viento.
“A veces uno no se da cuenta en el valle, pero al subir a Villa Turismo se puede ver claramente: estamos sumergidos en una nube de humo”, señaló el profesional.
A esto se suma el problema del humo puertas adentro: muchas familias cocinan o se calefaccionan con leña, lo cual también impacta en la salud.
¿Y si las costumbres nos está enfermando?
El doctor fue contundente al señalar que algunas prácticas culturales deben ser repensadas:
“Hay folclores sanos, como tener una huerta. Pero quemar hojas todos los otoños y llenar la ciudad de humo no es uno de ellos”, expresó.
Y agregó que no se trata de culpar a nadie:
“No es para pelear, sino para tomar conciencia y buscar soluciones juntos: compostar, chipear, enterrar, reutilizar. Hay formas de evitar el humo sin dejar material combustible para los incendios del verano”.
Un llamado a la acción colectiva
Berenstein invitó a vecinos, instituciones, municipios y organizaciones a sumarse a una red de trabajo colaborativo para repensar esta problemática ambiental y de salud pública. También mencionó que ya están en contacto con universidades, profesionales de la salud, cooperativas y referentes turísticos, buscando soluciones conjuntas.
“Hay turistas que no vienen en invierno porque sus enfermedades respiratorias se agravan por el humo. Eso también es un impacto económico”, apuntó.
El médico puso a disposición su web para quienes quieran sumarse a esta movida: https://drcesarberenstein.ar/
Conclusión: el aire limpio no es solo un paisaje
La invitación está hecha: ¿estamos realmente respirando aire puro? ¿O estamos naturalizando un problema de salud grave? El desafío es colectivo. En una tierra que se enorgullece de su belleza y calidad de vida, vivir sanamente no debería ser un lujo, sino un derecho.

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