
Llegan desde Albania, cuestan menos que los nacionales y esconden una historia de geopolítica, negocios y trigo ruso.
En las últimas semanas, los fideos importados de Albania se volvieron virales en las redes sociales argentinas. No sólo por su exótico origen —un país sin tradición exportadora de pastas—, sino por su precio sorprendentemente bajo: compiten en las góndolas con valores inferiores a los de marcas nacionales reconocidas.
Los fideos en cuestión, elaborados por la empresa albanesa Agro Blend Group, recorren más de 11.500 kilómetros hasta llegar a Buenos Aires. Pese a eso, se venden a precios llamativamente accesibles. La cadena de supermercados COTO, por ejemplo, importó en enero casi 233.500 kilos de pastas marca Pasta Bella y Diamond a un valor inferior a 1 dólar CIF por kilo, una cifra que no se ve en otros productos similares del mercado.
Aunque parte de esta distorsión se explica por la política cambiaria del gobierno de Javier Milei, que promueve una apreciación artificial del peso, aún así el precio final parece inexplicable. Sin embargo, el origen de esta ventaja competitiva podría estar en el trigo.

Albania, gobernada por una elite política con raíces en el antiguo régimen comunista, mantiene relaciones con Rusia. Agro Blend Group —cuyo dueño, Fiqiri Ismaili, es también político— habría accedido a trigo ruso a precios de liquidación, producto de las sanciones impuestas por la Unión Europea a Moscú por la guerra en Ucrania. Como los países de la península balcánica no forman parte de la UE-27, pueden operar como intermediarios y “blanquear” el origen del cereal al transformarlo en producto elaborado.
Pero Agro Blend Group no vive del fideo. Su negocio principal está en los fertilizantes, agroquímicos, semillas y servicios agrícolas. Y, como dato no menor, tras el desembarco de sus pastas en Argentina, el Senasa recibió en abril una notificación desde Albania sobre la apertura de su mercado para la carne bovina argentina.
Fideos, trigo, diplomacia y negocios. Una historia que atraviesa continentes y plantea interrogantes sobre el futuro del comercio agroalimentario argentino.

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