
Inaugurado en enero, el Geomuseo de Piedras Patagónicas es el primero de Argentina y el cuarto en el mundo. Nació de una colección familiar y sobrevivió al incendio que arrasó Mallín Ahogado.
El Bolsón alberga un rincón único en el país y casi exclusivo a nivel mundial: el Geomuseo de Piedras Patagónicas Eduardo Lucio, un espacio que combina ciencia, historia, patrimonio natural y resiliencia. Se trata del primer geomuseo de Argentina y el cuarto en el mundo, junto a los de Brasil, Italia y España.
Fue inaugurado oficialmente el 28 de enero de 2024, en el marco del 99° aniversario de El Bolsón. Apenas dos días después, el incendio forestal que arrasó más de 3.800 hectáreas en la zona de Confluencia consumió por completo la casa donde originalmente funcionaba el museo, en Mallín Ahogado. Solo se salvó la vivienda de Isabel Giraudo, su fundadora junto a Eduardo Lucio, gracias a una brigada autogestiva organizada desde el propio museo.
La actual sede, ubicada en el edificio La Torre (Juez Fernández 430) en pleno centro de El Bolsón, es el resultado de una articulación entre la Fundación Cooperar, Coopetel, el municipio y el Colegio de Arquitectos de Río Negro. Desde su apertura, ya pasaron por allí más de 2.700 visitantes, incluidos coleccionistas de Chile y Estados Unidos.
El geomuseo exhibe 300 piezas únicas de un total de 600 que integran el acervo: rocas, minerales, fósiles y meteoritos provenientes de la Patagonia, otras regiones de Argentina y el mundo. Su “estrella” es un fragmento del meteorito Esquel, una roca extraterrestre de alto valor que “parece de otro planeta”.
“El museo es una herramienta para enseñar la geodiversidad: así como conocemos la biodiversidad, también debemos conocer la diversidad de minerales, gemas, meteoritos y paisajes”, explica el director Agustín Quesada, doctor en Geología.

Un museo vivo, interactivo y con identidad regional
La experiencia incluye una sala 3D para comprender la historia geológica de la cordillera, un recorrido autoguiado de media hora, y propuestas inmersivas que lo convierten en un “museo vivo”, en constante renovación.
La historia detrás del museo es tan valiosa como su contenido: Lucio y Giraudo, oriundos de Buenos Aires, recorrieron durante 40 años el país en busca de piedras. Con el tiempo, adquirieron el oficio de lapidadores y construyeron una colección que fue declarada de interés, base del actual museo.
En julio, el museo abre de lunes a sábados de 14.30 a 19.30, con visitas grupales por la mañana mediante reserva. Las entradas cuestan $2.000 para socios de Coopetel, $3.000 para residentes y $5.000 para turistas.
Más información en @geomuseopatagonia o al teléfono (294) 15429-4406.
El Geomuseo no solo guarda piedras: atesora pasión, conocimiento y una historia que renació de las cenizas.
Fuente: Río Negro.

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