
En medio de los incendios que afectan a la Patagonia, vecinos de Cholila impulsan la Juegoteca Emocional y un espacio para adultos mayores en Bambú. Ambos dispositivos gratuitos buscan contener a la comunidad a través del juego, la palabra y la expresión.
La localidad de Cholila atraviesa una situación crítica por los incendios forestales que rodean al pueblo. En ese contexto, surgió la Juegoteca Emocional, un dispositivo comunitario pensado como etapa de posvención (acciones e intervenciones posteriores a un evento autodestructivo destinadas a trabajar con las personas, familia o instituciones vinculadas al acontencimiento). “Ninguna experiencia de este orden es liviana ni pasa como si nada. Primero que el incendio no está apagado… todo este contexto hace que podamos pensar en cómo acompañarnos”, explicó una de las impulsoras.
La propuesta se desarrolla en el espacio Bambú, de lunes a viernes de 16 a 18 horas, y está dirigida a niños y niñas. Allí se despliegan rondas de juego, arte terapia, movimiento expresivo y juegos cooperativos. “Jugar siempre es salud emocional y salud mental, el juego es un derecho y habilitar un encuentro ya hace la diferencia”, señaló.
Además, se habilitó un segundo dispositivo para adultos mayores, también en Bambú, los lunes y jueves de 18.30 a 20 horas. “Retomar un poco ese espacio, aunque estemos de vacaciones, para trabajar y poner en palabras qué les pasa a los adultos mayores con todo esto”, indicó la tallerista, quien ya venía trabajando en estimulación cognitiva y arte terapia.
El juego como herramienta de contención
La Juegoteca Emocional comenzó a funcionar recientemente, acompañada por un grupo de operadores en intervenciones sociocomunitarias. “Los niños y niñas también quieren ayudar desde algún lugar, entonces buscamos ese espacio para que puedan colaborar desde ser niño o niña”, explicó la referente.
Las actividades incluyen escenarios lúdicos y creativos, como dibujar un bosque encantado, con el objetivo de conectar con las etapas de desarrollo. “Ellos ven a los adultos preocupados, con aviones, camiones, noticias e imágenes de fuego por todos lados. Va por ahí lo que les pasa”, agregó.
El espacio para adultos mayores, en tanto, busca contener la ansiedad y la incertidumbre que genera la emergencia. “Las ganas de colaborar, de dar por ahí a su familia, a sus hijos que se ponen al fuego, las casas que dejan de tener sus horarios porque estamos todos haciendo viandas o contestando donaciones”, relató.
Comunidad organizada frente a la emergencia
La referente destacó que la posvención no se limita a unos días. “Esto da para rato y ya lo sabemos con lo que se vivió en El Bolsón el año pasado con el incendio de Mallín Ahogado. Las consecuencias y las secuelas no se solucionan con la llegada del invierno”, afirmó.
En Cholila, la organización comunitaria se multiplica en distintos ámbitos. “Esto es la cara visible de un montón de otros dispositivos que también están sucediendo en la comunidad. Vos te metés en las escuelas y se armó un nivel de organización con donaciones, voluntarios y cuadrillas”, señaló.
La vecina remarcó la ausencia estatal en la prevención y la contención. “Hay una fuerte ausencia del Estado que no está. Nos estamos salvando nosotros, con las herramientas que tenemos y con el amor que nos tenemos”, expresó.
Una red solidaria que se fortalece
La emergencia continúa y el fuego sigue fuera de control. “Estamos todavía en zona de riesgo, la tierra está caliente, en cualquier momento se puede reactivar un foco. Los voluntarios están cansados, pero ya sabemos que esto da para rato”, advirtió.
En ese marco, la Juegoteca Emocional y el espacio para adultos mayores se consolidan como instancias de acompañamiento. “Ya que haya un espacio de encuentro para que nos encontremos con otros, juguemos, eso es un encuadre hermoso que contiene”, concluyó.
Ambos dispositivos funcionan en Bambú, con entrada libre y gratuita, y se sostienen gracias al compromiso de vecinos y vecinas de Cholila, que buscan fortalecer la salud emocional de la comunidad en medio de la emergencia.

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