Los incendios forestales también amenazan la apicultura en la Comarca Andina

En el marco de la Semana de la Miel que se lleva adelante en el CET 23 de Mallín Ahogado, productores apícolas advierten sobre el impacto ambiental, económico y social del fuego en la región

En el Centro de Educación Técnica N° 23, la Semana de la Miel se vive con sabor a preocupación. Apicultores de la Comarca Andina se reunieron para visibilizar no solo el valor de las abejas en el ecosistema, sino también el duro golpe que los incendios forestales de este verano provocaron en su actividad y en toda la biodiversidad local.

“Los incendios no solo queman bosques: queman flores, destruyen humedad, cambian la vida de las colmenas y la nuestra”, resume Adriana Ascaini, apicultora de El Hoyo. Junto a Ezequiel Manoni y Agustina Nieto, de El Hoyo y Epuyén respectivamente, forman parte de la Asociación Apícola de la Comarca Andina, una red de productores que cada año enfrenta desafíos mayores para sostener una producción vital y artesanal.

Floración diezmada y colmenas estresadas

Los fuegos ocurridos en enero en Epuyén y posteriormente en la zona de Mallín Ahogado dejaron huellas visibles e invisibles. “La floración se redujo drásticamente y con ella, la posibilidad de producir miel. Las abejas quedan sin alimento y el estrés que les provoca el humo cambia su comportamiento”, explica Nieto.

Lejos de ser anecdótico, el impacto del humo en las abejas tiene consecuencias directas en la producción. “Para ellas, el humo es señal de huida. En vez de recolectar néctar, se preparan para abandonar la colmena”, agrega Ascaini. Aunque el fuego no haya llegado hasta los apiarios, el ecosistema ya no es el mismo.

Producción local, calidad reconocida

La miel de la Comarca Andina se destaca por su origen: un entorno aún protegido, con abundante bosque nativo y escasa intervención química. Esa condición permite obtener una miel de alta calidad, muy valorada por los consumidores locales y también por aquellos que la conocen desde otras provincias.

“No competimos en precio con las mieles industriales del norte o de Buenos Aires, pero sí en calidad. Nuestra producción es más pequeña, pero también más diversa”, señala Manoni. Además de miel, los apicultores producen propóleo, polen, cera y hasta apitoxina, ingredientes base de una creciente industria cosmética y medicinal natural.

Más que miel: un ecosistema en peligro

Durante la charla, los productores recordaron la frase ya célebre que circula en todos los debates sobre la apicultura: “Si las abejas desaparecen, a la humanidad le quedarían apenas cuatro años de alimentos”. Aunque no literal, la advertencia refleja una realidad: sin polinizadores, la producción de frutas, verduras y semillas entra en crisis.

La Semana de la Miel, entonces, no es solo una excusa para probar sabores únicos, sino un llamado de atención. La apicultura regional no solo necesita consumidores conscientes, sino políticas activas de protección ambiental y prevención de incendios. Porque donde se extingue una flor, también se pierde una gota de miel.

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