
Una vecina del barrio Los Hornos, sufrió un accidente al caer de su bicicleta mientras intentaba escapar del ataque de un perro dogo suelto. La situación vivida pone en manifiesto la problemática con los animales que en numerosos barrios deambulan por la vía pública.
En la mañana de ayer, alrededor de las 11:40hs, Yolanda Antinao, circulaba en bicicleta por el Callejón Eusebio Barría, a metros de la intersección con Bahamonde, en el barrio Los Hornos, cuando fue sorprendida por un perro de gran porte, un dogo blanco, que avanzó hacia ella en actitud agresiva. “Yo venía tranquila en la bici y cuando lo vi no pensé que me iba a atacar”, relató la vecina, aún con visibles secuelas del golpe.
Al intentar frenar bruscamente, Yolanda perdió el control del rodado y cayó al suelo, golpeándose fuertemente y rompiéndose los lentes. Según su relato, el perro estuvo a punto de morderla, pero fue apartado por un vecino que intervino. “El perro estaba suelto, venía con una nena. No tenía correa ni collar. Por suerte un señor ayudó a sacarlo. Si no fuera por él, no sé qué me habría pasado”, contó.

La vecina aseguró que los daños incluyen la bicicleta inutilizada, lentes rotos, y lesiones físicas por las que debió recibir atención médica y obtuvo un certificado de entre 7 y 10 días de reposo. Además, lamentó la pérdida de jornadas laborales. Yolanda intentó radicar la denuncia correspondiente, pero, según explicó, le indicaron que debía hacerlo en el Juzgado de Faltas debido a la peligrosidad de la raza implicada.
“Me dijeron que como es un dogo, y hay una ordenanza que los prohíbe sueltos en la vía pública, tengo que hacer la denuncia ahí. También me dijeron que debía iniciar otra acción para que el dueño se haga cargo de los daños”, detalló.
Pero la situación puso en manifiesto otro tema: como no fue mordida por el animal no le recepcionaron la denuncia ni en Comisaría, Juzgado de Falta ni el Juzgado de Paz. “Parece que me tendría que haber lastimado el perro como para que las autoridades actúen” señaló con visible enojo.
Sobre el dueño del perro, señaló que se acercó a hablarle personalmente, pero que solo recibió disculpas verbales sin mayores gestos de preocupación ni intención de reparar los daños causados. “No me preguntó si estaba bien ni me ofreció ayuda. Somos vecinos. Ahora le voy a llevar los certificados para que se haga cargo”, agregó.
Yolanda expresó su preocupación por tener que seguir circulando por esa zona todos los días, más aun considerando que usualmente lleva a su hijo pequeño en la bicicleta. “Esta vez salí sola. Si hubiera ido con mi nene, no sé qué habría pasado”, dijo con angustia.
Este episodio no es aislado. Según comentaron otros vecinos, el mismo perro ha tenido actitudes agresivas en más de una ocasión. La situación expone nuevamente la necesidad de reforzar el cumplimiento de las ordenanzas sobre tenencia responsable de mascotas, especialmente en zonas donde circulan niños, adultos mayores y familias a diario.

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