
Testimonios de habitantes afectados revelan reclamos históricos sin respuesta, la acción clave del voluntariado y la ausencia de planificación oficial frente a los incendios forestales en la región.
Astrid, vecina de Rincón de Lobos al pie de la subida a Puerto Patriada, relató la situación que atraviesan tras el avance del fuego en Cholila y en Epuyén. “Estamos tratando de sobrevivir la realidad, porque si bien es el tercer incendio que tenemos, este me parece mucho más grave, mucho más extenso, y además nos sentimos absolutamente desprotegidos”, expresó. Según su testimonio, habían advertido a la Secretaría de Bosques sobre el riesgo y solicitado limpiezas y cortafuegos, pero nunca obtuvieron respuesta.
Astrid detalló que en su terreno el fuego llegó hasta la entrada de su casa, donde conviven con animales y su familia. “Nosotros ya hace varios años que venimos pidiendo por medio de notas, que tenemos firmadas, exigiendo que vengan a limpiar el bosque, que vengan a hacer un trabajo ordenado del manejo del pino. No contestan”, afirmó. La vecina señaló que incluso Protección Civil y la municipalidad fueron alertadas, sin resultados.
La falta de respuesta oficial, según Astrid, es responsabilidad directa de la Secretaría de Bosques. “Esto es para mí pura y exclusivamente responsabilidad de la Secretaría de Bosques que tiene el manejo del bosque en estado de desidia”, sostuvo. Mientras tanto, los vecinos continúan enfrentando focos activos sin recursos suficientes.
El rol del voluntariado
Astrid destacó la importancia de la ayuda comunitaria. “Si no estaba el voluntariado de la gente del pueblo, nos incendiamos todos”, dijo. Vecinos de distintas localidades se acercaron con herramientas improvisadas para evitar que las casas se quemaran. La magnitud del incendio impidió realizar guardias de cenizas y enfriamientos adecuados, lo que mantiene focos activos en la zona.
La vecina relató que a las cuatro de la mañana, en plena emergencia, voluntarios y bomberos trabajaron para evitar que su vivienda se prendiera fuego. “Todo eso evitó que la casa no se quemara, pero nos volaban pedazos de troncos encendidos encima”, recordó. La presencia de brigadas comunitarias fue clave para contener el avance del fuego.
La problemática del tendido eléctrico también fue mencionada como un factor de riesgo. “Tengo entendido que hay una reglamentación de la provincia de Chubut que cuando hay un tendido eléctrico, 10 metros para un lado y 10 para el otro no tendría que haber vegetación”, explicó Astrid, señalando que los árboles siguen en contacto con los cables.

Reclamos y organización vecinal
El testimonio refleja la dificultad de organizarse en medio de la emergencia. “Todos estamos en un estado de alerta permanente porque no se nos terminaron los incendios. No nos podemos ir de nuestras casas”, indicó. La imposibilidad de asistir a reuniones o asambleas limita la capacidad de los vecinos de presentar reclamos formales.
Astrid convive con su marido, docente de luthería, su hijo adolescente y su hermana adulta mayor. La situación afecta la salud mental de las familias. “Estamos todos muy alterados porque estos incendios ya vamos casi 20 días y sigue cada vez peor”, expresó. La incertidumbre y el peligro constante generan un estado de catástrofe en la comunidad.
La vecina cuestionó la falta de empatía de funcionarios locales. “Hay funcionarios que yo veo en la municipalidad subiendo fotos en sus chacras con la cena de agua, con todo el pasto verde y brindando. Me parece desubicado completamente en la situación en la que estamos todos”, señaló. Según su relato, la ayuda oficial fue mínima y llegó tarde.
Impacto en la vida cotidiana
Astrid explicó que la emergencia también afecta su trabajo como artesana. “Mando una nota pidiendo que, por favor, cómo me van a asistir a mí. Me contestaron que no tienen previsto nada”, relató. La pérdida de la temporada y la falta de materia prima complican su sustento económico.
La vecina aseguró que las fundaciones y organizaciones sociales fueron las únicas que se comunicaron para ofrecer ayuda concreta. “Los únicos que se están comunicando conmigo para ayudar son fundaciones”, dijo. En contraste, señaló que la municipalidad no respondió a sus pedidos de infraestructura básica como una manguera de agua para su tanque.
El panorama en Cholila y alrededores continúa siendo crítico, con vecinos en alerta permanente y reclamos acumulados sin respuesta oficial. La voz de Astrid resume el sentimiento de la comunidad: “El Estado es el que prepara y tiene que encargarse de esa situación, porque para eso todo el mundo paga los impuestos”.

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