
César Villablanca y Nelly Santivano viven en uno de los callejones más cerrados de Mallín Ahogado, en el callejón Asenjo. Luego del paso devastador del fuego, comparten su dura experiencia y el camino hacia la reconstrucción.
César cuenta que “el fuego llegó el 30 tipo 5 de la tarde, 5 y media, yo estaba haciendo una changa y cuando llegué no me dio tiempo a nada”. A sus 52 años, nunca había presenciado algo similar en sus 10 años viviendo en Mallín. Nelly, nacida y criada en la zona, relata la desolación de regresar y ver la realidad: “Nosotros perdimos todo, se nos murieron animales, se quemó nuestra casa”.
El incendio tardó en apagarse y humeó durante muchos días. El canal Avilés, que cruza su chacra, no siempre tiene agua, y el coirón en su parque, un pasto de la estepa que se enciende fácilmente, empeoró la situación. “Es terrorífico ver cómo se prende fuego todo y no tener agua”, dice Nelly.

César y Nelly no esperaron ayuda oficial y comenzaron a reconstruir con sus propios medios. “Se quemó mi camioneta, que era mi herramienta de trabajo”, añade César. Ambos destacan el papel fundamental de la comunidad: “Si no hubiera sido por la gente no sé qué hubiera pasado”, enfatiza César.
Para Nelly, el incendio fue “un acto de terrorismo” que causó un daño enorme a su vida, a los animales y al bosque nativo. “Estamos en el horno, si no hay justicia vamos a estar siempre en la misma”, expresa con tristeza.
César también critica a los políticos: “No puede ser que no sepan nada, que busquen que les votemos las leyes y después no estén”. La pareja sigue adelante con la esperanza de que no se repita una tragedia similar y que las autoridades finalmente tomen medidas para proteger a los habitantes de Mallín Ahogado.


Sé el primero en comentar