
Mientras el icónico espejo de agua de El Bolsón encara su puesta a punto estival, las tareas de mantenimiento avanzan de la mano de un prestador turístico que, año tras año, asume un rol clave en la conservación del espacio. En paralelo, se perciben gestos institucionales que acompañan de forma intermitente.
Enrique Paquez, concesionario de los tradicionales botecitos, lidera la limpieza del lago artificial. “Este año tratamos de no vaciar la plaza porque demora también el secado”, explicó, y agregó: “Cuando uno mete una máquina para arrastrar las algas o limpiar, arrastra la capa aislante que es la greda que tenemos”, afirmó Paquez, en una entrevista brindada a FM de la Cordillera. El lago no posee base de cemento, sino una capa agredosa que lo impermeabiliza.
Para evitar el deterioro de esa superficie, Paquez diseñó junto a su hijo una herramienta casera: “Hicimos un malacate con un motor estacionario”, detalló. El sistema incluye “dos tubings con grasa, uno va embutido adentro” y funciona “con la corona, y anda con un ruleman, perfecto”, comentó Paquez al aire de la emisora local. La malla que arrastra y corta las algas permite avanzar sin comprometer la estructura del fondo.
Compromiso vecinal y soluciones creativas
Aunque la concesión no contempla el mantenimiento del lago, Paquez asumió la tarea por iniciativa propia. “Nosotros les ponemos buena voluntad para que esto quede bien”, afirmó. “Si no le metemos mano de entrada, esto se ve feo en la temporada”, explicó. La intervención, que se repite cada año, responde más al compromiso con el entorno que a una planificación oficial.
El lago se alimenta de un canal que, según Paquez, “tiene unos cuantos años y siempre está igual”. La limpieza actual por parte del municipio busca mejorar el ingreso de agua. “El canal arrastra también los sedimentos de las calles”, indicó, y mencionó que “hay muchos vecinos que usan el agua, las quintas también, o sea que no hay buena cantidad de agua”.
Pensando a futuro, Paquez sugirió obras de infraestructura: “Estaría bueno, aunque sea de aparte, cementado o adoquinado. Aunque sea un 20% y otro año, otro tanto”. También propuso alternativas para mejorar el abastecimiento: “Se podría sacar de la Napa o de la Avenida, hacer un ramal de la Avenida cuando no se riega”.
Seguridad y convivencia en el espacio público
Además de la limpieza, se prevé pintar el borde del lago. “Después de la sacar el alga vamos a tratar de raquetear las paredes y tirar un color”, comentó Paquez. También se plantearon inquietudes sobre la seguridad, especialmente en el puente. “Muchos chicos, muchos jovencitos chiquitos tirándose desde el puente, y esto es peligroso”, advirtió. “La baranda tiene una abertura que se le puede meter el pie y cuando cae se le traba”, explicó Paquez.
Ya se envió una nota al Consejo Deliberante para abordar el tema. “Porque aparte en el fondo también seguramente nunca falta quien tira una botella, puede haber vidrios”, explicó. Recordó que “hubo corte otro año también” por esta causa. La preocupación se extiende a la conducta de algunos visitantes: “Pasa uno y te tira una botella. El otro día del puente tiró una colilla. Y para mí era como que tiró una botella”.
Destino de las algas y mirada comunitaria
Las algas extraídas se trasladan a Espacios Verdes para compostaje. “Una montaña, literal, una montaña de algas que luego desde aquí los llevan a Espacios Verdes”, describió Paquez. “Me decía que es un abono buenísimo. Así que si a alguno le interesa, que venga a buscar su salga”, invitó Paquez a la comunidad.
La puesta a punto del lago, que cada verano se convierte en postal y punto de encuentro, avanza gracias al esfuerzo de quienes lo consideran parte de su identidad cotidiana. “Hicimos la cara visible, no nosotros, sino que el pueblo mismo, porque esto es de todo”, concluyó Paquez. Mientras tanto, el espacio se transforma, en silencio, por voluntad más que por mandato.

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