
El féretro del papa Francisco fue trasladado desde su residencia en Santa Marta hasta la Basílica de San Pedro en un acto histórico.
Con un despliegue litúrgico solemne y un marco multitudinario, este miércoles por la mañana fue trasladado el féretro del papa Francisco desde su residencia en Santa Marta hasta la Basílica de San Pedro. Las campanas de la basílica repicaron en señal de luto mientras se realizaba una oración en latín presidida por el cardenal camarlengo, el estadounidense Kevin Farrell, acompañado por los coros de la Capilla Sixtina.
El pontífice argentino, fallecido recientemente, había elegido desde el inicio de su papado vivir en la residencia de Santa Marta, rompiendo con siglos de tradición al no instalarse en el Palacio Apostólico. “Le hubiera provocado ‘problemas psiquiátricos’ quedarse a vivir en esa virtual jaula dorada”, había explicado Jorge Bergoglio al justificar su decisión de habitar ese espacio común, sin lujos ni vigilancia constante.
Desde ese mismo edificio —construido en 1996 durante el pontificado de Juan Pablo II para alojar cardenales durante los cónclaves— partió la procesión fúnebre encabezada por ochenta cardenales con vestimenta ceremonial. Entre ellos, se destacó la presencia del cardenal argentino Leonardo Sandri, visiblemente conmovido.
Procesión solemne en la plaza de San Pedro
El féretro, hecho de madera simple y cubierto con un paño rojo, fue llevado sobre los hombros por catorce “sediarios”, escoltado por la Guardia Suiza y penitenciarios con estolas y antorchas. En la comitiva también marcharon los colaboradores más cercanos del papa Francisco, incluyendo sus secretarios personales Juan Cruz Villalón, Daniel Pellizón y Fabio Salerno, además de sus enfermeros y su asistente de cámara.
El recorrido atravesó la plaza de los Protomártires y el Arco de las Campanas, para desembocar en la plaza de San Pedro, donde miles de fieles seguían la ceremonia en pantallas gigantes. Al ingresar el féretro por la puerta central de la basílica, estalló un aplauso espontáneo. La procesión se dirigió al altar de la Confesión, bajo el Baldaquino de Bernini, donde se colocó el ataúd sobre una tarima de madera sin catafalco, en línea con el estilo austero que caracterizó al pontífice.
El cardenal Farrell inició el rito religioso asperjando agua bendita e incienso sobre el cuerpo del Papa, que vestía mitra blanca y casulla roja. Durante la Liturgia de la Palabra, se elevó una oración “por el difunto Francisco, para que el Príncipe de los pastores lo reciba benigno en su reino de luz y paz”.

Oraciones y despedidas
Además, se rezó por la Iglesia y los pueblos del mundo, buscando una unidad basada en la justicia y la paz. Se pidió también por los asistentes a la ceremonia: “Para que nos reencontremos un día juntos en el reino de los cielos”.
Finalizada la liturgia, comenzaron a desfilar en fila de a dos los miembros del clero para despedirse del pontífice. Se persignaban frente al féretro antes de retirarse, en un clima de recogimiento. Una escena particular interrumpió el protocolo cuando sor Geneviève Jeanningros, de la Congregación de las Hermanitas de Jesús, se mantuvo de pie junto al ataúd, llorando en silencio.
Fuente: Diario La Nación
Fotos: VATICAN MEDIA

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