“No es una mudanza: es un castigo y un desarraigo”

La psicóloga Alejandra Ortíz analizó las dificultades que enfrentan quienes denuncian situaciones de violencia dentro de fuerzas de seguridad y cuestionó el impacto que generan los traslados sobre las víctimas y sus familias.

La psicóloga, ex policía neuquina e integrante de la Red de Mujeres Policías, Alejandra Ortíz se refirió a las consecuencias de la violencia institucional dentro de estructuras jerárquicas y planteó que muchas veces los mecanismos de disciplina pueden encubrir situaciones de abuso de poder que afectan profundamente a las personas que las padecen.

Durante una entrevista radial para este portal, explicó que en instituciones verticalizadas existe una diferencia entre la disciplina y la violencia. “La disciplina es una cosa y el abuso de poder, el menoscabar, la humillación, son otras, son cosas diferentes”, señaló Ortíz.

Según indicó, cuando una persona con autoridad utiliza su posición para ejercer hostigamiento o humillación, las consecuencias pueden ser severas. “Genera en la víctima algunas lesiones psíquicas, pero tan paralizantes que la deja hasta con la incapacidad de visualizar que está sufriendo un acto de violencia”, sostuvo.

La profesional también advirtió que muchas personas temen denunciar por posibles represalias dentro de la estructura institucional. “Se le tiene miedo a la persecución sistemática, al hostigamiento, a los traslados, a los pases arbitrarios”, afirmó.

El impacto de los traslados tras una denuncia

La entrevista tomó como referencia el caso de una oficial policial que denunció a un superior y posteriormente fue trasladada desde El Bolsón hacia Viedma, situación que, según se expuso durante el programa, implicó modificar toda su organización familiar.

Al respecto, Ortíz consideró que este tipo de medidas tienen consecuencias que exceden lo laboral. “La violencia es como un latigazo que no se detiene hasta agarrar todas las áreas de la persona que la sufre”, expresó.

Además, remarcó el efecto que una situación de este tipo puede tener sobre los hijos de quienes denuncian. “Lo sacan de sus amiguitos, de su maestra, donde ya hizo un vínculo. Una construcción vincular también es arrebatada por este acto de violencia”, señaló.

La psicóloga sostuvo que estas decisiones pueden convertirse en un mensaje para quienes evalúan denunciar situaciones similares. “Es muy simplificadora para que el resto vea: bueno, si denunciás, mirá lo que te pasa”, manifestó la psicóloga.

El rol de los protocolos y las investigaciones

Durante la conversación también se abordó la situación de las personas denunciadas y el funcionamiento de los protocolos internos en las fuerzas de seguridad.

Esteban indicó que las investigaciones deberían contemplar medidas tanto para proteger a la víctima como para supervisar a quien es objeto de una denuncia. “Dentro de esta investigación no seguir violentando la vida de quien se animó a denunciar”, afirmó.

En ese sentido, remarcó que los procedimientos establecidos contemplan actuaciones específicas. “El protocolo dice que hay que retenerle el arma. Si a vos te retienen el arma, vos no podrías estar al frente de una comisaría, comandando o a cargo”, sostuvo.

Finalmente, señaló que existen herramientas institucionales destinadas a abordar estas situaciones, aunque consideró que el desafío está en su aplicación efectiva. “Están las herramientas legales para que se proteja a la víctima, a la persona que hace la denuncia, pero a veces en la práctica sucede todo lo contrario”, concluyó Alejandra Ortíz.

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