
Especialistas advierten que el déficit hídrico y el aumento de temperaturas configuran un escenario de riesgo para la próxima temporada en Río Negro, Chubut y la región patagónica en general.
Marcelo Pietrobon, desde la Central de Monitoreo del Parque Nacional Lago Puelo, explicó que “nosotros tenemos un déficit, a lo que se va a tener del año, y el déficit va entre los 250 y los 300 milímetros de lluvia”.
El especialista agregó que “tenemos un escenario con temperaturas por encima de lo normal, quizás sea más difícil prever lo que va a pasar con las lluvias, pero vamos a estar ante un escenario adverso, como viene pasando en los últimos años”.
También señaló que “podemos traducirlo en el aumento de la temperatura en un grado para la Patagonia, la baja en cuanto al registro en los caudales de los ríos, y lo que les decía recién, acá este año vamos a tener 300 milímetros menos asociado a la lluvia y a los nevados”.
Pietrobon advirtió que “si esto lo traducimos al año calendario, en diciembre no va a caer lo que falta para cumplir lo que se tendría que cumplir para el año”.
Déficit hídrico y perspectivas de verano
El referente del Parque Nacional Lago Puelo recordó que enero, febrero y marzo suelen ser meses de escasas precipitaciones: “Equilibrar a esta altura, a año calendario, yo diría que no. Pero lo que se espera es que en el primer tres de enero, febrero y marzo, alguna lluvia extraordinaria colabore a bajar los índices y la peligrosidad que se ve”.
En este contexto, subrayó la necesidad de modificar hábitos y mejorar la convivencia con el ambiente: “Lo que podemos hacer ahora es cambiar nuestros hábitos y mejorar la convivencia con el ambiente”.
La preservación del bosque depende también de la detección temprana de focos de incendio. Pietrobon indicó que “el 60-80% de las detecciones van a ser humanas. Y eso es lo que a veces ayuda a que se pueda trabajar más rápido y hacer que los incendios caminen menos”.
Cambio climático y hábitos sociales
El especialista enfatizó que el cambio climático ya afecta de manera directa a la región: “Entender que ya estamos inmersos en un contexto de cambio climático que nos está afectando fuertemente y que lo que tenemos que hacer es modificar nuestros hábitos, entender que si no se puede hacer fuego, no se puede hacer fuego”.
Incluso actividades tradicionales como el asado deberán adaptarse: “El asadito clásico que se hacía antes, los fines de semana, para las fiestas, lo vamos a tener que cambiar”.
Pietrobon explicó que el estrés de las plantas es un indicador clave: “Nosotros medimos todos los días el Índice de Estrés Hídrico del Cultivo (CWSI) en base a un cálculo que se hace sobre la vegetación seca, pero las plantas vivas tienen un estrés tremendo, asociado a esto del cambio climático”.
Ese estrés se traduce en mayor vulnerabilidad frente a los incendios: “Un descuido es una de las causas principales que puede generar un incendio”.
Índices de riesgo y monitoreo
El CWSI clasifica la vegetación según su nivel de humedad: “Este índice clasifica la vegetación fina, mediana y gruesa, y son los parámetros que nosotros medimos para saber cómo se va a comportar el incendio cuando ocurra”.
Otro indicador, el DMC (Duff Moisture Code), mide la humedad del mantillo superficial: “Según la humedad que eso tenga, va a permitir que si cae un rayo, prenda o no. Por encima de un valor 20, claro, un rayo va a agarrar. Por debajo de eso, estamos atentos”.
La información se comunica a la población en categorías de riesgo como extremo, muy alto, alto, moderado o bajo: “Las filas CWSI traducen el total de todos los índices, y es lo que comunicamos a la gente para que tenga una idea”.
Finalmente, Pietrobon destacó la importancia de la conciencia social: “La gente tiene que entender que si queremos seguir teniendo este lugar, algunos hábitos hay que cambiar”.

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