Un reclamo pacífico por una preocupación para las madres y padres de la escuela 268

Las familias de la escuela 268, ex Hogar, de El Bolsón exigen de manera autoconvocada la reubicación de un docente denunciado hace más de cinco años por abuso a las infancias. La comunidad educativa reclama garantizar un espacio seguro para los estudiantes.

La tensión en la comunidad educativa de la Escuela 268, conocida como ex Hogar, de El Bolsón, se mantiene mientras un grupo de madres y padres autoconvocados exige la reubicación de un docente al que consideran inadecuado para ocupar un rol frente a niños y niñas. La causa por abuso a las infancias, aún sin resolución, refleja una lucha centrada en preservar la seguridad de las niñas y niños.

“Como autoconvocados tenemos un fin, más allá de resguardar y cuidar a nuestros hijos, es garantizar que tengan un lugar seguro donde van a estudiar”, expresó Caterin, madre de un estudiante. Según las familias, la titularización del docente en varios grados y su rol como interino en sexto pone en juego la confianza de los padres en la institución.

Mica, otra madre, enfatizó: “Nuestra causa es que esta persona no está como rol de cuidador de niños, infancias, sino que se le readecúe la tarea entre adultos”. Aunque el pedido no busca que el docente pierda su trabajo, las familias piden su reubicación para que no ejerza como educador directo de estudiantes.

El reclamo también busca evitar que esta situación se repita en el futuro. “Queremos que esto no vuelva a pasar, que no haya en unos años otros padres autoconvocados pidiendo que no esté en las aulas, como ya viene pasando”, manifestó Mica. “Nuestra lucha es quitarlo del rol, que salga de estar delante de los chicos. Ante la duda, con niños, la verdad es que no. Los niños, ante cualquier cosa, tienen la ley primera”.

El impacto de esta situación es evidente. Algunas familias han dejado de enviar a sus hijos a clases, y hay niños que, conscientes del problema, no quieren asistir a la escuela. Además, los padres lamentan que esta circunstancia transforme lo que debería ser un espacio seguro y acogedor en motivo de preocupación. “Yo como mamá tengo que darle recaudos a mi hijo de cómo manejarse en el colegio. A mí de chica la escuela era como mi casa, mis docentes como mis tíos, pero ahora le digo que no vaya solo al baño, que no se quede solo en el patio”, añadió Caterin.

Las familias han presentado notas y realizado gestiones ante el Consejo Escolar, Supervisión y equipos directivos. También llevaron sus denuncias a la comisaría, la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) y el Juzgado de Paz. “No es nuestro fin armar un quilombo, estamos aguantando, teniendo paciencia”, aclararon. Sin embargo, esperan una respuesta concreta y hacen un llamado a la comunidad para que se sume a su causa: garantizar la protección y el bienestar de las infancias.

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