
Sebastián Poljak y Lu Chiberry, del Conicet, participaron de una expedición internacional de 70 días para estudiar la estructura de comunidades animales en la Antártida y su vínculo con regiones subantárticas del Atlántico Sur.
A bordo de un rompehielos y junto a más de 50 investigadores de todo el mundo, Sebastián Poljak y Lu Chiberry, especialistas en genética del Conicet, participaron de una campaña científica en la Antártida orientada a estudiar la biodiversidad marina a partir de herramientas de ADN ambiental, en el marco de una expedición internacional de gran escala.
La experiencia formó parte de la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica (ICCE), que se extendió durante 70 días. El objetivo central fue conocer en detalle la estructura de las comunidades de metazoos de la Antártida.
El trabajo busca aportar información sobre las relaciones biológicas entre la Antártida y regiones subantárticas, como el Área Marina Protegida Yaganes, en el Atlántico Sur, y el canal Beagle, al sur de la isla Grande de Tierra del Fuego.
El estudio de la diversidad de especies y de sus interacciones permite comprender cómo funcionan los ecosistemas y cuál es su estado de conservación, a partir de evidencia biológica concreta.
Animales antárticos y vínculos biogeográficos
Los investigadores centraron su análisis en los animales de la Antártida, que permiten profundizar en aspectos biogeográficos, en la riqueza de especies y en la conexión de su biota con ambientes subantárticos.
Para alcanzar esos objetivos, durante la expedición se aplicó una herramienta clave: el análisis de ADN ambiental (ADNa), un método no invasivo que permite detectar especies a partir del material genético presente en el ambiente.
Este material puede provenir de células de descamación, gametas, esporas o restos de tejidos, entre otros. El enfoque utilizado fue el metabarcoding del ADN ambiental, basado en la secuenciación masiva de fragmentos de ADN contenidos en muestras ambientales.
La técnica se apoya en la amplificación de pequeños fragmentos genéticos presentes en suelo, sedimentos, agua e incluso aire, y es una herramienta ampliamente utilizada en investigaciones actuales.

ADN ambiental: muestreo y alcance del estudio
El uso del ADNa permite complementar los inventarios obtenidos con métodos tradicionales y, en muchos casos, identificar especies crípticas, raras o de baja abundancia, que suelen pasar desapercibidas con otros enfoques.
“La vida en el mar guarda infinitos secretos, y conocer algo de ella en lugares remotos con condiciones extremas como la Antártida debe abrirnos hacia una conciencia del valor intrínseco que tiene la biodiversidad para el equilibrio del planeta y de nuestras propias vidas”, afirmó Sebastián Poljak.
Este enfoque posibilita evaluar la composición de las comunidades, la distribución de las especies y distintos procesos ecológicos que estructuran los ecosistemas marinos.
A lo largo del recorrido, Poljak y Chiberry realizaron muestreos en 32 puntos de la trayectoria prevista. En total, recolectaron 180 muestras de agua mediante una roseta oceanográfica y 32 muestras de sedimentos del fondo marino.
Las muestras de sedimentos fueron obtenidas a distintas profundidades con un corer, un equipo de 6 metros de largo y 500 kilos de peso, que permitió acceder al material del fondo marino para su posterior análisis genético.
Fuente: Diario de Río Negro.

Sé el primero en comentar