
El consumo per cápita se desplomó a 5,1 kilos anuales y queda muy por debajo del promedio mundial, en un contexto de suba de precios y cambios en los hábitos de compra.
El consumo de pescado en Argentina atraviesa un momento de retroceso y se ubica en su nivel más bajo en medio siglo. Según los datos disponibles, el promedio anual cayó a 5,1 kilos por habitante, una cifra que representa menos de una cuarta parte del promedio global de 20 kilos.
Esta caída se sostiene en el tiempo y se da en paralelo a un fuerte incremento de los precios. En los últimos tres años, el valor minorista del pescado registró una suba cercana al 800%, lo que impactó de forma directa en la accesibilidad del producto y en la dinámica del mercado interno.
El resultado es un escenario en el que el pescado pierde presencia en la mesa cotidiana, mientras otros alimentos mantienen mayor preferencia en los hábitos de consumo.

Un fenómeno que también se replica a nivel global
La tendencia no es exclusiva de Argentina. A nivel internacional, el consumo también muestra señales de retroceso, especialmente en Europa. Durante 2024, el consumo per cápita en ese continente registró una caída del 15,28%, marcando el descenso más pronunciado en más de una década.
En contraposición, Asia consolida su liderazgo en el consumo mundial, impulsado por la demanda en países como China, India e Indonesia, que sostienen niveles elevados de ingesta.
En tanto, España evidencia una disminución sostenida en las compras de pescado fresco, con una caída acumulada del 34,3% desde 2008, lo que posiciona su consumo en el nivel más bajo de su serie histórica.
El precio, principal barrera para el consumo
Entre los factores que explican esta baja, el impacto de la inflación aparece como uno de los más determinantes. En Europa, el 55% de los consumidores señala al costo como el principal obstáculo al momento de comprar pescado.
Este comportamiento también se observa en Argentina, donde el aumento de precios limitó el acceso y redujo la frecuencia de consumo en los hogares.
La combinación entre precios elevados y pérdida del poder adquisitivo genera un escenario que condiciona las decisiones de compra y desplaza al pescado frente a otras alternativas.
Cambios de hábitos y problemas de oferta
Otro de los factores que incide es el cambio en los hábitos de consumo. En Argentina, persiste una preferencia por la carne, junto con una limitada incorporación del pescado en la cocina cotidiana.
A nivel internacional, en cambio, la falta de tiempo impulsa la elección de productos procesados o congelados, modificando la forma en que se consume este tipo de alimento.
A esto se suman los desafíos en la oferta, con una crisis en las exportaciones argentinas y una menor disponibilidad de pescado fresco en el mercado interno, lo que profundiza la caída del consumo.

Sé el primero en comentar