
El jueves 30 de enero, el devastador incendio Confluencia dejó una estela de destrucción en El Bolsón, Río Negro. Entre los muchos afectados, Bernardo Infante, un residente de Mallín Ahogado, narró cómo el fuego no solo arrasó su hogar, sino también el cuatriciclo que utilizaba para trabajar en su chacra.
“El fuego arrasó con mi casa el mismo jueves 30 de enero. Se quemó mi casa y también el cuatriciclo que utilizaba para trabajar en mi chacra,” relató Infante. La tragedia no terminó ahí. Durante la emergencia, Bernardo también enfrentó el robo de uno de los dos pallets de ladrillos que había comprado y una garrafa que le pertenecía a su hermano. “Yo estuve algunos días en el Poli, y cuando volvía me habían robado, a mi hermano también, una garrafa.”

En medio de la adversidad, historias de perseverancia emergen. Aurora Hernández, otra afectada por el incendio, cuenta cómo, poco a poco, están reconstruyendo su casita. Aurora y su familia son de las primeras personas en recibir el apoyo económico de la provincia de Río Negro. Sin embargo, la incertidumbre aún persiste. “Todavía no tenemos nada planificado, tendríamos que hacer algo chiquito para salir del paso, yo hago changas no más, y ahora estamos parados, sin mucho laburo,” explicó Hernández.

A pesar de las dificultades, la determinación y el espíritu resiliente de la comunidad se hacen evidentes. Bernardo Infante concluye con un mensaje de esperanza: “Vamos a seguir adelante, no nos queda otra.”
Las historias de Bernardo y Aurora no solo muestran el impacto devastador del incendio, sino también la fortaleza y el coraje de los residentes de El Bolsón. En tiempos de crisis, la comunidad se une y se levanta una vez más.

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