Escuelas y roedores: “Prefiero suspender actividades que lamentar después una cuestión que pudimos haber prevenido”

La supervisora de nivel secundario Andrea Nilles se refirió a la presencia de roedores en escuelas y al abordaje de las violencias en el ámbito educativo, en un contexto donde intervienen protocolos, decisiones institucionales y la participación de la comunidad educativa.

La presencia de roedores en escuelas de la región volvió a instalar un tema que combina salud, percepción social y decisiones institucionales. La supervisora de nivel secundario, Andrea Nilles, explicó que se trata de una situación frecuente en la zona y que activa protocolos específicos de actuación.

En ese sentido, señaló: “En nuestra zona en particular es bastante frecuente la presencia de roedores”, indicó Nilles, y agregó que existe preocupación por las enfermedades asociadas. “Todos conocemos, sabemos del hantavirus, sabemos cuál es el ratón que lo transmite, y el riesgo de otras enfermedades”, afirmó.

Desde lo institucional, la aparición de indicios como heces o cebos consumidos genera alarma. “Nos alarma muchísimo desde lo institucional cuando aparecen heces de ratas y aparecen los cebos que se ponen comidos y demás”, sostuvo, quien remarcó que el trabajo en escuelas implica resguardar a estudiantes y trabajadores.

Además, planteó la tensión entre el protocolo vigente y la percepción social. “La manera de accionar cuando aparecen roedores es ventilar, higienizar la zona, pero no suspender las actividades”, explicó, y advirtió que esto muchas veces entra en conflicto con la sensibilidad de la comunidad.

Protocolos, decisiones y rol del Consejo Escolar

La supervisora explicó que las decisiones sobre suspensión de clases no dependen directamente de las instituciones educativas. “El consejo escolar es el que toma la definición de si hay que suspender, no hay que suspender”, indicó.

En esa línea, detalló que existe un protocolo provincial que orienta las acciones. “No es que caprichosamente queremos suspender las actividades cuando aparecen roedores, sino que hay una cierta sensibilidad social en la zona”, expresó, en relación a antecedentes vinculados al hantavirus.

A nivel preventivo, planteó una postura clara: “Yo prefiero suspender actividades que lamentar después una cuestión que pudimos haberla prevenido”, afirmó, aunque reconoció los límites administrativos. “No podemos ir en contra de lo que nos plantean, porque respondemos al mismo Ministerio de Educación”, agregó.

También destacó el trabajo conjunto con el Consejo Escolar. “El Consejo sí tomó cartas en el asunto de acuerdo al protocolo que ellos tienen de actuación y contrataron a la empresa”, explicó, en referencia a las tareas de control y análisis para determinar el nivel de riesgo.

Reacciones de la comunidad educativa

La respuesta de la comunidad educativa frente a estas situaciones varía según cada institución. Nilles relató que la comunicación institucional cumple un rol central. “La escuela manda un mensaje a la familia, que me pareció muy pertinente”, señaló.

En su experiencia personal como madre, planteó la diversidad de decisiones. “Le digo, y vos decidís si vas a la escuela o no”, contó, marcando que las percepciones de riesgo no son homogéneas.

También mencionó antecedentes donde la presión comunitaria influyó en las decisiones. “Las familias dijeron bueno, nosotros no mandamos a nuestros hijos a la escuela en esas condiciones”, relató sobre un caso en el que se suspendieron actividades para realizar tareas de limpieza.

En ese marco, destacó el rol activo de las familias. “Los actores familia muchas veces son los que pueden tomar cartas en el asunto”, sostuvo, subrayando que la organización comunitaria incide en la respuesta institucional.

Violencias en la escuela: abordaje y prevención

El segundo eje abordado por la supervisora fue el de las violencias en el ámbito educativo, un tema que definió como complejo y atravesado por múltiples dimensiones. “Las escuelas son cajas de resonancia de lo que nos está pasando a nivel social”, afirmó.

Advirtió además sobre el avance de enfoques punitivos. “Se ha cristalizado un discurso vinculado a la mirada más punitiva sobre las adolescencias y las infancias”, expresó, y cuestionó la idea de que el castigo sea la única respuesta.

En contraposición, planteó un enfoque inclusivo. “La escuela tiene que abordar estas problemáticas de un modo inclusivo”, sostuvo, y remarcó la necesidad de resolver conflictos sin expulsar a los estudiantes.

Finalmente, destacó el trabajo interinstitucional y preventivo. “Tratar de resolver desde el acercamiento, desde la inclusión, desde el diálogo, desde el cuidado”, concluyó, en relación a las estrategias que se aplican en el sistema educativo.

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